viernes, 12 de diciembre de 2014

Es país para Nicolases


El pequeño Nicolás, el gran Bárcenas, el eterno Fabra, el extravagante Bigotes, el dandi Correa, todos los Puyoles, el sindicalista Lanzas... Las Gürtel, los EREs, los cursos de formación....
Cada día el periódico nos trae un caso nuevo, o nuevas sobre casos viejos. Piezas de un puzle cuya imagen última aún no conocemos, pero que intuimos my fea.
No menor de entre todas estas piezas es, a pesar de su apelativo, el pequeño Nicolás. Hace nada que entró en el juego y ya ocupa un lugar preeminente. Tiene elementos que la hacen especialmente atractiva: joven de veinte años, perteneciente a las Nuevas Generaciones del PP y a la fundación FAES, de aspecto agradable y que, a la vista del book fotográfico que esgrime, es un habitual en la cúpula del PP nacional (especialmente con los líderes de Madrid), entre lo más granado del empresariado de la capital e incluso en la propia casa real, cuando lo pudimos ver dando la mano al rey en su proclamación. Pero Nicolás no luce en las portadas de los periódicos y en las cabeceras de telediarios y noticiarios de radio hasta que es detenido por la policía nacional y pasa incomunicado el tiempo de rigor. Es de ahí desde donde salta a los platós de televisión (Tele5 especialmente) y donde empieza a construir su relato: no sólo lo que ya se sabe, amigo de políticos (con contactos desde la vicepresidencia del Gobierno a la Comunidad y alcaldía de Madrid) y empresarios, sino además, según él mismo, una especie de agente-colaborador-confidente del CNI,  y hete aquí, encargado de negociar en nombre de la familia real con el sindicato Manos Limpias, para que éste retire la denuncia que mantiene contra la Infanta Cristina en el caso Nóos a cambio de dinero...  incluso hay quien lo ve mediando en el problema catalán.  ¿De verdad Nicolás anda en estos menesteres y da para tanto...? No lo creo.
Sí me parecen ciertos sus chanchullos como mediador entre empresarios y poderes públicos, cosa que a mi juicio viene a poner de manifiesto que el pequeño Nicolás es un individuo producto de cómo funciona todo en nuestro país. No hay Nicolases en Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia...  Sin embargo, en España, si quieres hacer una carretera, construir un palacio de exposiciones, levantar un puente o un aeropuerto, una estación de servicio o la concesión de una ITV necesitas a alguien que te consiga el contacto apropiado: un familiar, un amigo, un político, un sindicalista o un Nicolás, un conseguidor, alguien que conozca a la persona apropiada y a cambio del pago de los honorarios pertinentes te allane el terreno.
Nicolás es eso, un conseguidor, muy precoz en efecto, pero no más que eso. Según le he oído a él mismo en esos platós de televisión, intermedió en la compra - venta e una finca de Toledo a cambio de 40000 €, facilitó contactos para negocios en México, puso en contacto a un empresario que quería adquirir varios hoteles en Madrid con el Secretario de Estado de Comercio García - Legaz,  y del mismo modo, le ofreció a otro empresario, en concreto a Carlos Zapata, sus servicios de mediación con el mismo Secretario de Estado para facilitarle la puesta en marcha de un negocio a cambio de 200000 €.
Se podrían poner más ejemplos, y con el tiempo estoy seguro que saldrá muchos asuntos más asociados a este personaje, pero los citados son suficientes para ilustrar el tema. Su juventud es algo anecdótico, aliña el caso y poco más, y la posibilidad de que alguien lo haya manejado en beneficio propio es algo consustancial a estos tejemanejes, parte del modus operandi en estos negocios: yo me sirvo de ti y corro el riesgo de que tú te sirvas de mi al mismo tiempo. Sí me resulta más interesante desde el punto de vista de la trama el hecho de que posiblemente parte de las buenas relaciones que exhibía con el album de fotos y las cosas que dice haber hecho para la casa real, el CNI o la vicepresidencia del gobierno no fueran más que una impostura, con las que trataba de hacer ver que ocupaba un lugar que no siempre era el que decía ser, pero que necesitaba aparentar para la buena venta de sus servicios. No es por tanto un caso de corrupción al uso, se le acusa de estafa y falsedad (por ahora). Para ser precisos habría que decir que es la historia de un timo, de las argucias propias de un individuo que quiere hacer fortuna en medio de una realidad corrupta y corruptible. Y es precisamente esa realidad a mi juicio lo relevante.  Es nuestro modo de hacer las cosas en España las que hacen necesario al Pequeño, que los nicolases están en el paisaje, que el político o funcionario de cazo alegre de turno cuenta con que en algún momento aparecerá, y el empresario que trata de crecer en según qué negocios lo terminará buscando para acelerar trámites, evitar competencias... Entonces, ¿qué le ha fallado a nuestro personaje en esta historia? quizás que pidió demasiado dinero, demasiado pronto, a demasiada gente y a cambio de poca cosa... Simplemente que no cumplió con la eficacia debida con los compromisos que adquirió. Y no cumplió porque en su historia era muchísima más la paja que el grano.
Por último, lo que ha dado relevancia a Nicolás es lo que tiene de simbólico. Aparece en medio de una realidad llena de corruptos y corruptelas, y en la que en absoluto hubiera destacado de no ser por esos elementos que lo caracterizan y lo muestran como una caricatura de sí mismo, como un reflejo de los espejos del callejón del gato de Valle-Inclán, haciéndonos esa triste gracia que hace el esperpento, en tanto representación grotesca de una realidad tan tristemente cierta.
España, efectivamente, es país para Nicolases. Y a la vista de lo que hay, nos costará que deje de serlo.
Salud

martes, 14 de octubre de 2014

Un viaje de diez metros y Ahí os quedáis

Reseñaré un par de películas que vi hace ya algunas semanas, cuando empecé esta entrada que no he terminado hasta hoy. La primera fue Un viaje de diez metros, del sueco Lasse Hallström (Estocolmo 1946), sobre un guión de Steven Knight, a partir de la novela homónima del escritor y periodista de origen portugués Richard C. Morais; la segunda es Ahí os quedáis, del director canadiense Shawn Levy (Montreal 1968) con guión basado en al novela This Is Where I Leave You (título original de la película) del neoyorquino Jonathan Tropper.

Un viaje de diez metros  cuenta la historia de una familia india que se ve obligada a salir de su país cuando un incendio provocado, consecuencia de un acto de violencia política, acaba con el negocio de restauración que tenía en Bombay y con la vida de la madre. El padre y cinco hijos, tres niños (uno de ellos con un talento excepcional para la cocina) y dos niñas, se trasladan a Europa. Entran al viejo continente por Holanda, y tras probar fortuna en Inglaterra, se trasladan a un pequeño pueblo del sur de Francia, donde se quedan porque es en él donde se averían los frenos del coche que conducía el padre. Éste, interpreta el percance como una señal, y decide (sin atender la opinión en contra de los hijos) quedarse ahí. Compran una casona vieja y montan un restaurante en el que servir comida india. El problema es que en frente de su restaurante, a diez metros, hay otro, éste francés, de lujo, con una estrella michelín. A partir de ahí la película desarrolla diversos temas. Algunos muy duros como el problema de la inmigración en Europa o la violencia xenófoba en Francia, y otros que lo son menos: lo duro y extravagante que resulta el mundo de la alta restauración, varias historias de amor... A mi parecer ningún tema es tratado con profundidad, y mucho menos los relacionados con lo social y político.
Lo que sí logra Levy es una película de gran ternura gracias  a la delicadeza con la que trata todas las escenas de cocina, los olores, los colores, las texturas..., evocando permanentemente el cariño de la madre muerta; consigue trabar una historia delicada y hermosa. Si a ello unimos los aciertos cómicos, el resultado es una película muy positiva y dulce...y poco más.

Ahí os quedáis es otra cosa. Una familia judía se reúne con motivo de la muerte del padre para guardar los siete días de luto que prescribe su religión tras el entierro: la shivá.Toda la familia debe permanecer todos esos días en el hogar del fallecido, compartiendo el dolor por el ser querido. La ocasión congrega a "los que quedan": la madre y los cuatro hermanos, todos ellos bastante descreídos en términos religiosos, que afrontan la situación con gran sentido del humor. Están en ese momento de la vida en el que siempre hay un motivo para la infelicidad, motivo que, sea el que sea, te permite descubrir que aquello de la felicidad es según cuándo y dónde, y nunca es total y siempre. Toda decisión conlleva un lastre, y la gatera está completamente llena de pelos.
El realizador nos cuenta la vida de todos y cada uno de los hijos y de la madre, quedando el muerto en el papel de causa simple de la reunión, no se le llora en exceso y tampoco se le recuerda con profunda tristeza. Empieza por el segundo de los hijos, quien poco antes de saber lo sucedido a su padre descubre a su mujer en la cama con su jefe (que resulta ser un perfecto capullo) y decide abandonarla, antes de que ella le descubra que está embarazada y que el hijo que viene es de él; el hijo mayor está enamorado de su mujer y es feliz con ella, y sin embargo no consiguen un muy deseado embarazo, cosa que les hace sentirse profundamente desgraciados; el hijo pequeño es un inmaduro incorregible, que mantiene una relación con una mujer mucho mayor que él, a la que engaña con una antigua novia durante los siete días de la shivá; y la única hija, que además es el único miembro del grupo con hijos, tiene un marido que está más atento a los negocios que a ella, quien por otro lado parece seguir enamorada de un vecino suyo que quedó mal tras un accidente de tráfico en el que ella estuvo involucrada y con el que se ve en secreto... y por último la madre, de la que el final de la película nos descubre que es lesbiana, y mantiene una relación con la madre del hijo del accidente, realidad que hace pensar cómo tuvo que pasar el patriarca muerto los últimos años de su vida.
Así contado, cabría pensar que son seis historias desgraciadas (si incluimos al muerto), por una u otra razón. Sin embargo el sabor de boca que te queda al final de la película es a pura realidad, y positivo, una especie de es lo que hay, y se trata de seguir... El director coloca la lupa encima de cada personaje y nos cuenta su situación desde una gran humanidad, una gran compasión - de "sentir con"-, y comprensión... es una mirada horizontal. Y a pesar de las referencias constantes al judaísmo, en la historia no hay dioses que juzguen fracasos, ni sacerdotes intermediando (el rabino que aparece es joven, amigo de los chicos y en absoluto juega el papel de confortador de almas). Dos elementos ayudan a crear ese clima: el humor y el sexo. Y es que esas dos cosas, la risa y el sexo, de siempre han hecho enmudecer a los dioses y a sus sacerdotes, y es por eso que a éstos les gusta tan poco las dos casas. Pero esto es ya otra historia sobre la que volveremos en otra ocasión.

jueves, 9 de octubre de 2014

La maratón de Sevilla

Hace un par de semanas formalicé la preinscripción a la maratón de Sevilla 2015. Ya intenté inscribirme para correr la de este 2014, pero no llegué a tiempo, en poco más de un mes se terminaron los dorsales.  La carrera se celebra cada año el último domingo de febrero, en este caso, en su XXXI edición, será el próximo día 22 de febrero, con salida de la avenida Carlos III a las 9 de la mañana , y meta en el Estadio de la Cartuja con 6 horas para llegar, ya que se cerrará a las 15:00.
Es la primera vez que me inscribo en una maratón. He participado en carreras largas. En un par de medias maratones, otras dos de 26 y 33 kms,  y una de 50. Sin embargo, estas tres últimas eran trail, es decir, carreras de campo: la de 26 y 50 kms entre San Fernando y Cádiz, por la playa en su mayor parte, y la de 33 por el Parque natural de la Breña, con salida y llegada en Barbate. Son por tanto carreras muy exigentes, por el esfuerzo extra que supone el medio en el que se corren. Ya tenía ganas de hacer una maratón urbana sin más. Y creo que no es mala decisión que la primera sea esta de Sevilla.
En lo exclusivamente deportivo esta maratón tiene la ventaja de ser una carrera, aparte de la distancia, poco exigente, llana, no creo que se acumulen demasiados metros de subidas y bajadas. Por otro lado, tratándose de Sevilla, es casi seguro que el tiempo acompañará, hará un espléndido sol de invierno, dando lugar a una hermosa mañana luminosa y cálida, muy favorable para correr por sus calles.
En esta carrera me propongo en primer lugar llegar corriendo, es decir, correr todo el tiempo, los 42 kilómetros y 195 metros que la completan; y en segundo lugar terminar en torno a cuatro horas.
Por otro lado, el plan de entrenamiento que he previsto es el siguiente: correr cinco días a la semana. Uno, preferentemente los sábados, haré tiradas largas, de no menos de 15/16 Kms; otros dos días, los domingos y martes correré alrededor de una hora con algo de ejercicio físico al final, aparte de los estiramientos habituales, flexiones, abdominales...; el lunes otra tirada de más de una hora; y el jueves series, en principio las que ahora hago, que son 6 x 800 m, con dos minutos caminando entre cada una de ellas, y un km al principio y al final, series cuya distancia quizás aumente a 1000 metros, y también introduciré alguna semana en este día pirámides de fuerza. Quiero rematar la preparación corriendo alguna media (puede que repita este año con la de Sevilla - Los Palacios, que se corre en el mes de diciembre) y alguna carrera popular local.


Este es el recorrido:
sobre plano....


y el callejero.

Creo que el encabezamiento del callejero es erróneo, y no así lo que describe. En la web de la que lo he sacado (http://imd.sevilla.org/maraton-sevilla-2015-circuito) , siempre habla de la maratón de 2015.

En el siguiente enlace tenéis la ficha técnica de la carrera: http://imd.sevilla.org/maraton-sevilla-2015-ficha-tecnica.





miércoles, 8 de octubre de 2014

Las tres bodas de Manolita.... y la alegría como forma de resitencia.

Sin embargo, con el tiempo comprendí que la alegría era un arma superior al odio, las sonrisas más útiles, más feroces que los gestos de rabia y desaliento.
Para las mujeres de Cuelgamuros la felicidad era una consigna, el grito mudo que recordaba a los de abajo, día tras día, que su victoria no había sido bastante para acabar con nosotras, que preferíamos vivir en los márgenes, en casas sin agua y sin luz, edificadas con nuestras propias manos, a habitar en el centro que habían levantado sobre nuestra ruina.
(página 653 - 654)(1).

En estos Episodios de una Guerra Interminable, Almudena Grandes se propone contar en seis novelas los primeros 25 años de dictadura franquista. Considera que 1964 supone ya un cambio en el devenir del régimen, pues la llegada del turismo y la salida a Europa de tantos españoles en busca de trabajo fueron poco a poco cambiando de manera definitiva esa sociedad española que creció durante la guerra y la posguerra , aunque no lograra el cambio político, pues a la dictadura del general Franco aún le quedaban once años de vida, los mismos que a su titular.
Las tres bodas de Manolita, la tercera entrega de la serie, se desarrolla en los años 40, años de hierro, de una represión brutal, de cárceles y torturas y fusilamientos, de una completa humillación de los vencidos, una España de curas y militares, completamente aislada...
Sin embargo, a pesar de ese panorama, en la década de los 40 la esperanza aún es posible: la guerra mundial poco a pocos se inclina a favor de los aliados, y la derrota del eje, desde la batalla de Stalingrado parece cada vez más una cuestión de tiempo; los aliados de Franco están siendo vencidos, y desde el exilio interior y exterior  se confía en que una vez caiga Berlín y París sea liberada, los aliados cruzarán los Pirineos para echar al dictador español del poder y restaurar la II República; la falta de apoyo de las democracias europeas durante la Guerra Civil al régimen republicano merecía ser resarcido y la intervención se consideraba segura. Desgraciadamente no fue así.
Nada de esto sucedió... Nadie cruzó la cordillera pirenaica para echar a ese "... militar gordezuelo, afeminado, incompetente, astuto y conservador..." y terminar con "...su régimen de mierda" en palabras de Javier Cercas (2). Y lo peor es que llegó la década siguiente, los años 50, y "... el dinosaurio todavía estaba allí" (3). La dictadura se adaptó a los tiempos, ocupó su lugar en el contexto de la guerra fría, firmó los acuerdos con EEUU y con el Vaticano, y poco a poco se suavizó el aislamiento... Quizás esta década, para la oposición al régimen, fuera la de mayor desesperanza, la de mayor desazón, pues habría de sentir la dictadura como un régimen consolidado, blindado, con futuro.
El mundo que rodea a Manolita es el de la inmediata posguerra, el descrito más arriba, y que en las páginas de la novela queda perfectamente reflejado. Y sin embargo, a pesar de todo, se percibe cierta alegría en la manera de afrontar la realidad, alegría que Almudena Grandes ha querido explicitar, una alegría que, tal y como refleja la cita que abre esta entrada, era una forma de lucha, la única forma de lucha que cabía en una realidad de plomo. La autora insiste en la idea de que no ha querido escribir una historia de derrota y hundimiento, a pesar de la miseria moral que lo empapa todo: a pesar del cura de Porlier (en Madrid había algo más de 30 cárceles en los primeros años cuarenta, llenas de presos políticos) que seguramente logró una pingüe fortuna "casando presos"; a pesar de los niños
esclavos del franquismo; a pesar de las miles de ejecuciones en las paredes de los cementerios, en alguna ocasión con el reo atado a una silla porque en la sesión de tortura que precedía a la ejecución a alguien se le había ido la mano, le había roto la espalda al detenido, y éste no podía estar de pie ante el pelotón de fusilamiento; a pesar del hambre, que llevaba a Manolita a enseñarle las tetas al hijo del panadero, que además era imbécil, y de esa manera conseguir el pan que no podía comprar para sus hermanos; a pesar de los chivatos traidores como el Orejas...
Almudena Grandes ha querido escribir la historia de unas personas que a pesar de todo y de todos, hicieron lo posible (y un poco más) por sobrevivir y ser felices...  Antonio de Hoyos y Vinent y la Palmera, hijo del marqués de Hoyos y anarquista el primero, que terminó sus días en Porlier y bailaor y palmero en un cuadro flamenco el segundo, que logró sobrevivir, ambos homosexuales y resistentes  hasta el final; Antonio el Guapo, Toñito, hermano de Manolita, miembro de las JUS que hizo la guerra, al igual que su padre, y que tras la derrota se mantiene durante años en la clandestinidad al amparo del cuadro flamenco que lidera su pareja Eladia Torres Martínez, desde donde intenta reconstruir la resistencia al régimen; Martina, de la cola de Porlier, novia de Tasio y madrina de las dos primeras bodas de Manolita, que lucha por mantener su relación; Isabel y Pilarín, las hermanas de Manolita que terminan en el internado de Bilbao, la primera con las manos destrozadas por la sosa que usan para lavar la ropa, cosa que decide soportar por la educación que sí está recibiendo su hermana; y la propia Manolita, que sin quererlo nunca, se vio colaborando con la resistencia al franquismo por causa de unas multicopistas que nunca llegaron a imprimir un pasquín, pero que le permitieron conocer a su Silverio el Manitas, con el que se casó dos veces en Porlier, vivió con él en una chabola en Cuelgamuros y se casó una tercera ante un juez cuando la dictadura había terminado... Ninguno de todos estos personajes, unos reales y otros literarios se rindió.
Pero además de la vida de los personajes, hay espacios para la alegría. En los espacios más duros, en la cárcel de Porlier, en Cuelgamuros trabajando en el mausoleo de los Caídos, incluso en el internado bilbaíno..., en esas realidades tan duras, se cuela la alegría de esos personajes que, pese a haberlo perdido todo, y pese al hecho de que  parece que lo único que tienen a la vista es seguir perdiendo lo poco que les queda, se empeñan en la risa, las voces, el amor..., alegrando, arrojando color a la negrura de esos lugares... En las colas de Porlier, en esas visitas en la que los de dentro y las de fuera están separados por una alambrada, existe la solidaridad, la comprensión, el cariño, la risa... incluso gestos de amor, como el estirar los dedos entre los rombos de alambre buscando un acercamiento imposible en el momento de las despedidas. O en Cuelgamuros, desde que una de las mujeres de un preso se negó a abandonar el lugar y cómo las autoridades hubieron de permitirle acampar allí, en una chabola en la que recibía a su pareja, y cómo no pudieron evitar que esas chabolas proliferaran hasta dar lugar a un pueblo de latas, mísero, pero que albergaba la única posibilidad de felicidad que les quedaba (cita superior). Y no digamos los gestos de solidaridad, empatía, de amor en definitiva que surge entre todos los familiares de los represaliados cuando se producía la ejecución de uno de ellos...
Almudena Grandes opta por construir una especie de tratado sobre la resiliencia humana, sobre la capacidad de estos individuos para resistir, individualmente y como colectivo, seres que reciben un golpe tras otro, golpes y más golpes, físicos y morales que los van doblando y doblando pero que, por más que ese empuje les acerque al suelo, nunca pierden la capacidad de regresar a la verticalidad, una y otra vez.
Salud.

(...). Con ellas había aprendido que renunciar a la felicidad era peor que morir, y que el anhelo, del deseo, la ilusión de un porvenir mejor, aunque fuera tan pequeño como el que cabe entre una pena de muerte y una condena a treinta años de reclusión , era posible, era bueno y legítimo, era digno, honroso hasta en aquella sucursal del infierno donde había hecho cola todo los lunes del mejor verano de mi vida. Aspirar a ser feliz en una cárcel era una forma de resistir, y eso, aunque mi madrastra jamás lo entendería, no era una renuncia a la normalidad, a la comodidad, al destino apacible de la gente corriente, sino una elección libre y soberana. El fruto de la única libertad que me quedaba. (610)


(1) Episodios de una Guerra Interminable.
Las tres bodas de Manolita
El cura de Porlier, el Patronato de Redención de Penas y 
el nacimiento de la resistencia clandestina contra el franquismo.
Almudena Grandes
TusQuets editores
Barcelona 2014
(2) Soldados de Salamina, Javier Cercas, Tusquets, Barcelona 2001, pag. 86
(3) El dinosaurio, microrrelato de Augusto Monterroso.
(4) La imagen es de la sección de cultura de El País, en su edición digital. Corresponde a la fiesta de la Marced en la cárcel de Porlier, el 28 de septiembre de 1940.

jueves, 2 de octubre de 2014

Mil veces buenas noches

El 18 de agosto de 2014 se estrenó Mil veces buenas noches, película dirigida por el noruego Erik Poppe (1960), de cuyo guión  es coautor con Harald Rosenløw-Eeg.  Su rodaje es de 2013, y se lleva a cabo en tres espacios muy distantes entre sí: Afganistan, en concreto Kabul, Kenia e Irlanda, dotando al filme de tres calidades de fotografía muy distintas: los espacios áridos y marrones de los dos primeros, y los húmedos y verdes del tercero.
Poppe, con este filme propone una reflexión sobre el trabajo del reportero gráfico en lugares de guerra, su utilidad y sentido, así como los conflictos que una profesión tan dura como esta provoca en el entorno social y familiar de quien la realiza, y por supuesto en su propio equilibrio personal. Se trata de una obra en gran medida autobiográfica, dado que el mismo Poppe ejerció esta profesión antes de dedicarse plenamente al cine, cosa que hace desde 1998, cuando estrena la primera de las cuatro películas que ha dirigido hasta ahora.
Mil veces buenas noches cuenta la historia de Rebecca, interpretada por una espléndida Juliette Binoche, que es la reportera gráfica protagonista de la película. Está casada con un naturalista marino, Marcus, que interpreta Nikolaj Coster-Waldau, y tienen dos hijas, una adolescente de unos trece o catorce años, la que más sufre todo lo que acarrea la profesión de su madre, y una niña de seis o siete, al más ajena a todo.
Que Poppe sitúe en el papel protagonista a una mujer es, a mi parecer, una muy buena a decisión en favor del tono dramático de la historia: por colocar una mujer como protagonista en un mudo tan masculino como el del reporterismo gráfico, aportando una mirada muy particular; y porque el conflicto familiar parece acentuarse por ser en este caso la figura de la madre la que tiene que optar entre su familia o su carrera profesional.
Toda la película oscila entre las imágenes de Rebecca en el ejercicio de su trabajo de reportera gráfica, dos veces en Kabul y una en Kenia, en situaciones de gran violencia vinculadas al yihadismo islámico, y sus largas estancias en Irlanda, donde aparecen todas las tensiones provoca ese trabajo. En los espacios de conflicto el ritmo de la película se acelera, y las imágenes son de gran dureza, siempre desde la perspectiva de la periodista. En los tiempos intermedios, en Irlanda, los más largos, la película se ralentiza, se vuelve más intimista, de manera que los personajes miran hacia su interior para mostrarnos con gran dolor sus angustias.
La acción arranca en Kabul, donde Becca está cubriendo los preparativos de un atentado suicida yihadista que va a cometer una mujer. Ésta, muy asustada, se encuentra entre otras mujeres, posiblemente familiares, algunas ataviadas con burka, que no dejan de rezar entre lágrimas. Tras simular el entierro de la yihadista en una tumba abierta en el suelo, muy cuidadosamente la preparan para el atentado: la asean, la visten tras una sábana, el colocan los cinturones de explosivos antes de cubrirla con el Hiyab, dejando en su mano el botón de detonación y finalmente, con contenidas muestras de dolor se despiden de ella. En el último momento, la periodista pide entrar en el todoterreno que llevará a la mujer al lugar del atentado con la excusa de acompañarla al menos un tramo del trayecto, y poder registrar en fotografías también ese momento.
Tras pasar un control policial acceden a una zona abarrotada de gente, que parece ser las inmediaciones de un mercado, y Rebecca pide que pare el coche. Se baja, y se va alejando lentamente mientras un policía afgano sospecha y se acerca al vehículo, comprueba lo que sucede y tras forcejear un momento con la terrorista huye rápidamente justo antes de que ella haga estallar la carga explosiva. Becca no deja de fotografiar en ningún momento y sólo al final trata de avisar de lo que le va a suceder a los que le rodean, entre ellos muchos niños que no dejan de jugar ajenos a lo que se les viene encima. El explosivo estalla y ella sale despedida por la onda expansiva sufriendo heridas de consideración. Aún así sigue trabajando, tomando instantáneas de una crudeza enorme. El director mezcla planos amplios, muy descriptivos, con primeros planos muy impactantes y dramáticos, y añade muchos planos con una cámara subjetiva, en los que coloca instantáneas de las que está captando Rebecca, cosa que coloca al espectador en el lugar de la protagonista. La escena termina en un hospital en Dubái, donde ella ha sido trasladada para tratar de urgencia sus heridas, y hasta donde se ha desplazado su marido para regresar con ella a Irlanda.
En Irlanda los problemas aparecen por sí solos. Esta vez con un ritmo narrativo lento, lleno de primeros planos, de larguísimos silencios, de palabras sólo susurradas... En cuanto a los problemas familiares, su marido le explica cómo todos sufren con gran incertidumbre sus prolongadas ausencias por causa del trabajo en un estado de angustia constante ante el peligro cierto de que en cualquiera de ellas pueda perder la vida o regresar malherida, como ha sucedido en esta ocasión. Esta angustia la sufren de manera muy particular su marido y su hija adolescente. La tensión llega a tal punto que Becca se compromete con Marcus a abandonar este tipo de trabajo. Renuncia a seguir cubriendo información en lugares peligrosos.
Por lo que se refiere a lo personal, son varios los fantasmas que atormentan a la Becca reportera: en primer lugar la sensación de vértigo que le produce la conciencia de haber perdido el control de la situación hasta el punto de haber puesto en peligro su vida desde el momento que decide subir al vehículo con la terrorista, cosa en absoluto profesional. No ha sabido parar a tiempo pese a los años de experiencia que ya tiene. Tampoco Marcus comprende cómo le ha podido pasar eso a ella. Pero además, se plantea el sentido último de su trabajo: si no debía haber intentado parar todo aquello, máxime cuando toma conciencia de la cantidad de niños que hay en el lugar donde va a estallar al bomba..., si no sería ella la responsable del momento y lugar de la detonación por haber abandonado el coche con la policía tan cerca... y si no debería de haber bajado el objetivo de la cámara  y así evitar que los demás hagan ante ella el papel que se espera de ellos...
Para colmo su editora le comunica que por razones de inoportunidad política en principio no se podrá publicar su reportaje. Entonces, qué sentido ha tenido todo, ahora sí que nada ha merecido la pena.
Pero claro. La vida es eso que pasa mientras tú haces planes y vas tomando decisiones... Aunque se ha comprometido a no volver a trabajar en lugares en conflicto, enseguida le ofrecen hacer el reportaje de un campo de refugiados en Kenia, un trabajo en principio sin riesgos que ella inicialmente rechaza, pero que finalmente acepta con el asentimiento de Marcus, y ante la insistencia de su hija adolescente, empeñada en acompañar a su madre y así documentar una tarea sobre África que tiene que hacer para el Instituto.
Ya en el campo de refugiados keniata, cerca de la frontera somalí, y cuando están madre e hija tomando las primeras imágenes, llega un grupo de hombres, pertenecientes a alguno de los clanes vinculados a los señores de la guerra de la región, para asaltar el campo. El responsable de Naciones Unidas para la seguridad de la periodista y su hija quiere sacarlas de allí pero Rebecca se empeña en quedarse para fotografiar y poder denunciar lo que sucede, y deja a su hija con el responsable de la ONU para que sea evacuada. Nuevamente pone en serio peligro su vida y, en esta ocasión, también la de su hija. A su regreso a Irlanda ocultan en principio lo sucedido a Marcus, que sin embargo se entera al ver, casi por casualidad, una de las grabaciones de vídeo de su hija en su ordenador personal. Una grabación llena de gritos, disparos, carreras, y las negativas de Becca a abandonar el lugar, que pone bien a las claras lo que allí ha sucedido.
En este momento, lleno de ira, echa a su mujer de su casa al tiempo que tira su cazadora de trabajo y un bolso con sus cámaras fotográficas a la calle. Nuevamente el conflicto familiar ha estallado..., pero esta vez ya no tiene solución. La familia se rompe.
En el viaje a Kenia, Rebecca le había contado a su hija qué suponía la fotografía para ella, cómo era una vía de escape para su rabia, su ira contra el mundo por la suerte que en él corrían los más débiles. Ella estaba allí precisamente para denunciar todo eso, ese era su lugar. Por eso optó por esa profesión, y por eso también se mantenía aún en ella. Por todo ello, Rebecca ahora sólo puede  aceptar esta nueva situación, y procurar la comprensión de los suyos, nada más, y muy especialmente la de su hija, cosa que parece que finalmente consigue.
Pero a la película le queda un último giro. Rebecca asume su destino y retoma su trabajo. La editora norteamericana le dice que las circunstancias han cambiado, que se publicará su trabajo de Kabul, pero que debe completarlo con otro reportaje. Regresa a Kabul y cuando llega al mismo lugar donde grabó las escenas de la primera yihadista suicida, cuando se dispone a cubrir una situación que ella creía parecida, descubre que esta vez a la que están vistiendo tras fijar a su cuerpo los cinturones con explosivos no es más que una niña que apenas ha llegado a la pubertad. Esta circunstancia la paraliza, la remueve por dentro, casi le hace vomitar, y no le permite en esta ocasión hacer ni una fotografía. Vuelve a plantearse si no debe intentar pararlo todo, o si debe hacer su trabajo y fotografiar lo que tiene delante, sea esto lo que sea, si la cámara no será una vez más también una causa más del desarrollo de los acontecimientos...
Todos los interrogantes siguen abiertos.
Película muy recomendable. Carmen y yo la vimos en versión original con subtítulos, y estábamos sólo nosotros dos en la sala.
El trailer.
http://youtu.be/ulxbMRieVzo

domingo, 28 de septiembre de 2014

El Gilipollas maledicente

A D. Carlo María Cipolla, por su Allegro ma non troppo (1988), con su permiso.

Alguien gilipollas es, según la RAE, tonto y lelo. Por su parte, alguien maledicente es aquel "que practica la meledicencia, esto es,  que acostumbra a hablar mal de los demás". Los dos términos, así planteados, adjetivarían, en un momento u otro a cualquier sujeto. Sin embargo, se imaginan un gilipollas maledicente..., alguien en cuyo ser se sustantiven eso dos adjetivos. Una bomba ¿verdad?
Ustedes pensarán que eso no es posible, que todo el mundo es gilipollas y/o maledicente en ocasiones... Sin embargo creo estar en condiciones de afirmar, tan seguro como que me tengo que morir, que existen esas criaturas cuya gilipollez y meledicencia definen su ser. El individuo ontológicamente gilipollas y meledicente. Y digo más. Siempre son más de lo que cualquiera pudiera imaginar, y además, y lo que es más grave, casi sin excepción, todo el mundo soporta a un gilipollas maledicente en su vida.
Me propongo describir a este tipo de persona, para, por un lado, resarcirme un poco de las ofensas propinadas últimamente por el que a mí me ha tocado en suerte, y por otro ayudar a los que esto lean, desde la más sincera modestia, a identificar al suyo (o los suyos, Dios no lo quiera), y así poder conllevar su existencia. Algunas señales que permiten reconocer a estos seres son las siguientes.

  • El gilipollas maledicente (GM en adelante) llama permanentemente la atención con lo que hace, y por supuesto con lo que dice. Es una persona que no pasa desapercibida. Es bueno tener esto presente para que una vez que le veamos desenvolviéndose a nuestro alrededor, no tengamos el más mínimo empacho en estar atentos, sin precipitaciones pero sin bajar la guardia. Puede que luego no sea el nuestro, y resulte que no es nuestra la bolsa escrotal llamada a ser tocada por el susodicho. Pero eso en principio no se sabe. Habremos de estar alertas.

  • El gilipollas sustantivo es capaz de argumentar casi en la misma conversación una cosa y su contraria. Asumiendo ambas como consustanciales y definitivas para sí mismo, sin reparar en que se trata de una sucesión de imposturas sobre temas sin importancia propias de gilipollas. En este aspecto, el gilipollas es maledicente si esos cambios de opinión además de beneficiarle a él perjudican a otro (y que si es tu GM te perjudican a ti y a todos aquellos que lo comparten contigo). Ejemplo: un GM que no tiene un smartphone considera que el uso del mismo es el más grande mal de nuestro tiempo (máxime si en la conversación hay alguien que tenga un magnífico smartphone); sin embargo, una vez adquiere el modelo más grande y con más prestaciones del mercado, para el GM el artilugio se convierte en el descubrimiento del siglo y lo usa compulsivamente con todas sus aplicaciones: fotografía sin medida, chatea, navega por internet, conecta el manos libres, muestra el navegador...

  • El gilipollas sustantivo puede hablar de sí mismo cosas que nada tienen que ver con la vida que realmente lleva. Asume roles que nadie le ha otorgado y los ejerce. Causa con ello permanente perplejidad y vergüenza ajena. Es maledicente cuando además de la perplejidad y la vergüenza te ofende lo que dice o hace, o detectas que está ofendiendo a alguien que está en el grupo en el que el GM está hablando.Ejemplo: el GM tiene un trabajo ordinario, que incluso nada tiene que ver con lo que siempre dijo que le gustaría ser cuando aún se permitía soñar de manera sincera. Y sin embargo, no deja de echar pestes sobre los trabajos ajenos, incluso aunque éstos sí tengan que ver con aquello que soñó ser cuando aún soñaba sinceramente.

  • El gilipollas sustantivo convierte en épica cualquier afición, sacrificio, hábito, imagen, postura... que asuma como propia. Es maledicente además cuando sistemáticamente lo compara con lo que hace el otro sin soltarle la bolsa escrotal: si corre, es que el deporte es su vida, y si tú corres seis kms cuatro días a la semana él corre doce a diario..., si dejó el tabaco, este sacrifico es "el sacrificio" en la vida de cualquiera, y más en la suya, pues describirá circunstancias que lo ponen de manifiesto (con el asentimiento de sus cercanos, que generalmente, sosopecho que también saben de su gilipollez pero le siguen el rollo, o están condenados a padecerla por compartir con este individuo vínculos familiares de primer grado)...

  • El gilipollas maledicente está sistemáticamente preparando el terreno para cometer sus fechorías. En este caso el calificativo que predomina es la maledicencia. Ejemplo: mi GM es además el perfecto gorrón. Pontifica contra otros sobre el tema como si eso cambiara en algo su posición. Le da cierto resultado. Entonces ¿dónde está la gilipollez?, está en pensar que nadie se da cuenta. Todo el mundo lo sabe.
Tratemos de elevar las señales a categorías...

  1. El gilipollas sustantivo tiene opinión pero carece de todo criterio. De ahí que sea capaz de argumentar una cosa y su contraria a la velocidad de la luz. Si es además maledicente mostrará más pronto que tarde toda su mala leche.
  2. La gilipollez sustantiva es un estar impostado que se constituye en el ser que es el gilipollas sustantivo. Éste es la suma de un número infinito de imposturas, pero eso no lo constituye en un ser consustancialmente hipócrita como cabría pensar, sino en un gilipollas puesto que no es consciente que lo es. Nunca minusvalores a un gilipollas sustantivo pues suelen ser además maledicentes: en esta dimensión es tan peligroso como el "estúpido" que describe Cipolla en su Allegro ma no troppo: en situaciones extremas, es capaz de hacer daño sin obtener beneficio alguno, y en esta tesitura no se le ve venir. 
  3. El GM lo es siempre y en todo momento. No lo deja de ser nunca. Me atrevería a decir que todo el mundo cuenta con un GM, que lo es desde que tiene recuerdo de él, y que por mucho que se empeñe en tratarlo como si hubiera dejado de serlo, descubre cada vez que eso nunca se produce, que el individuo se empeña en su condición una vez y otra, y otra, y otra...
 Todos tenemos, salvo muy honrosas excepciones, un Gilipollas Maledicente agarrado a bolsa escrotal propia. Lo tenemos desde la mala hora en que lo conocimos, y no conseguiremos nunca deshacernos de él. Sólo cabe conllevarlo, llevar al mínimo el roce, y no caer en la trampa de la posible mejora, ésta no se produce nunca. Un individuo malo que se empeñe puede dejar de serlo optando por diversos caminos (el amor, una creencia religiosa, la compasión...) pero un GM no dejará de serlo nunca dada su condición de Gilipollas... Lo dicho, sólo cabe conllevarlo.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Las tres bodas de Manolita, de Almundena Grandes

En los buenos tiempos, las jovencitas se casan por amor. 
En los malos, muchas lo hacen por interés. 
Yo me casé con un preso en los peores, por dos multicopistas que nadie sabía poner en marcha.
 (Pag. 29)
Hace unas semanas terminé de leer esta estupenda novela, Las tres bodas de Manolita, de Almudena Grandes, publicada por TusQuets. Es la tercera entrega de la serie Episodios de una guerra interminable, y la primera que yo he leído. Las otras dos son Inés y la alegría, y El lector de Julio Verne. Aún habrán de salir otras tres novelas más para esta serie de título tan galdosiano.
El pasado 31 de julio, en el Jardín de la librería La Luna Nueva de Jerez, tuve ocasión de asistir a la presentación de esta obra por su autora (momento recogido en la foto publicada por el Diario de Jerez), Almudena Grandes, con las intervenciones de Natividad Montaño y María Regla Prieto, la primera propietaria de la librería que patrocinaba el acto, y la segunda doctora en filología clásica por la Universidad de Sevilla.
En su intervención, la autora dio algunas claves para entender el argumento de la novela. Claves que por otra parte  se recogen en la propia novela, en su último capítulo, titulado La historia de Manolita. Nota de la autora. Ésta explicó que, tal y como sucede con todas las novelas de la serie, el argumento de Las tres bodas... se arma sobre algunos episodios históricos, que sirven de soporte a la trama de la misma. Ella se refirió concretamente a tres.
El primero es la llegada a España a finales de 1939 o principios de 1940 de tres multicopistas a bordo de un barco procedente de Sudamérica, que habrían de servir al PCE para la propaganda en su empeño de construir una resistencia interior al Régimen. Las máquinas venían desmontadas y las piezas repartidas entre los equipajes de los marineros, muchos de ellos antifascistas comprometidos en la lucha antifranquista. Las multicopistas entraron en España por el puerto de Bilbao, y dos de ellas viajaron a  Madrid. No hubo manera de ponerlas en marcha. Fueron descubiertas por la policía en 1942 sin que jamás llegaran a imprimir ni una sola octavilla. Es por esta causa que nuestra Manolita conoce a Silverio en la cárcel de Porlier, a la que acude fingiendo ser su novia por encargo de su hermano y líder de las JSU, Antonio el Guapo,  pues habría de ser él, famoso por su habilidad para arreglarlo todo, el que lograra poner las multicopistas en funcionamiento. Con Silverio es con quien se casará tres veces.
El segundo es el de las bodas de la cárcel de Porlier, que patrocinaba un cura a cambio de un pago en metálico, tabaco y pasteles. No era realmente una boda lo que el cura de la cárcel propiciaba, aunque así la llamaran, sino un  un vis a vis durante el que las parejas mantenían relaciones en  un cuartucho infame.
Y el tercero de los episodios a los que se refirió fue al caso de los niños esclavos del franquismo, que conoció gracias al testimonio de Isabel Perales (en la foto con Almudena Grandes y Alexis Mesón, hijo de Eugenio Mesón, preso en Porlier y fusilado siendo Secretario General de las JSU), que padeció esa situación en su infancia, y a la que Almundena Grandes conoció en una celebración por la recuperación de la memoria histórica en el pueblo de Rivas, cercano a Madrid. Según lo narrado por Isabel, el decreto de 3 de noviembre de 1940, permitió que esta mujer y su hermana ingresaran en el colegio bilbaíno de Zabalbivía, de la orden religiosa de los Ángeles Custodio, mientras su madre cumplía condena en Ventas (la Porlier de las mujeres). En este internado sufrió graves lesiones en las manos por lavar con sosa. Lavaban ropa blanca de hoteles y mantelerías de restaurantes a cambio de prácticamente nada. En esta situación coloca Almudena Grandes a las dos hermanas de Manolita, Isabel y Pilar, y es Isabel, la mayor, la que sufre en la novela, también en un internado de Bilbao, lo que sufrió Isabel Perales en la realidad hace ya más de  medio siglo. La familia de Manolita en la ficción se apellida Perales, en homenaje a Isabel. Lo que el decreto de noviembre del 40 posibilitó realmente es que los hijos de los represaliados políticos, de los encarcelados por el franquismo, redimieran la misma pena que sus progenitores, trabajando de manera práctiamente gratuita para las instituciones que colaboraban con el régimen, en este caso una orden religiosa.
Hay otras muchas referencias históricas que la escritora no citó en su presentación: la de Roberto Conesa Escudero, el Orejas, un hombre que proviene de las filas del las JSU y tras la caída de Madrid se pone al servicio de la Dirección General de Seguridad procurando la detención a sus antiguos camaradas; la vida en Cuelgamuros, donde las mujeres de los obreros, presos políticos, convivían con sus parejas en chabolas, en una de las cuales habita Manolita con Silverio...
Considero que se trata de una muy buena novela, magníficamente escrita, que refleja estupendamente los tiempos que narra, el Madrid de los años 40. Se trata de un esfuerzo literario imprescindible, toda la serie lo es, así como la que considero la novela matricial de todas estas otras, El corazón helado, que sin embargo ha quedado fuera de estos episodios, que por otra parte tanto le deben.
Esta serie novelada creo que pasará a la historia de la literatura española al mismo nivel de otras, en concreto de dos, a mi juicio muy relevantes, los Episodios Nacionales de Pérez Galdós, y El laberinto mágico de Max Aub. El tiempo lo dirá.

Y en todas las casas, mujeres medio muertas, tan pálidas como si ya hubieran empezado a morirse, tan flacas como si el dolor las estuviera consumiendo, tan perdidas en su propia habitación como si ya no supieran quienes eran, dónde vivían, cuál era su nombre, su sitio en aquella ciudad negra de lutos, sorda por el interminable estrépito de los pelotones, ciega de tanto cerrar los ojos a los fusilamientos de cada madrugada, hedionda de cadáveres a medio pudrir, y más mujeres, más madres, más niños mirándolo todo, y los caramelos que tenían en las manos, con unos ojos enormes de miedo y de sorpresa que presentían ya el resto de sus vidas.
(369)

Episodios de una Guerra Interminable.
Las tres bodas de Manolita
El cura de Porlier, el Patronato de Redención de Penas y 
el nacimiento de la resistencia clandestina contra el franquismo.
Almudena Grandes
TusQuets editores
Barcelona 2014

sábado, 21 de junio de 2014

Trail Solidaria 7 Playas. 50 kilometros.

El pasado día 15 de junio corrí la Trail Solidaria 7 Playas, que organiza la asociación Solidaridad y Deporte, asociación que tiene por lema la expresión  ¡Quien Resiste Vence! (¡QRV!).
Son 50 Km. por la playa, entre S. Fenando y Cádiz. En la imagen tenéis la medalla (más bien medallón) de cerámica que entregan a todos aquellos que terminan la prueba. Hizo un día caluroso, aunque menos que los que le precedieron, y sopló mucho viento, que llevamos en contra casi toda la carrera, en concreto en el tramo de vuelta de Cádiz hasta la Punta Boquerón en San Fernando, viento que hacía muy difícil mantener el trote.
Llevo muchos años corriendo y haciendo bicicleta. Siempre en solitario, y nunca me había dado por participar en ninguna carrera. Sin embargo, en el último año ya he corrido cinco. La primera fue el Trail Hércules 2013, que es la otra prueba que se corre al tiempo que esta de 50 kms, la "corta", de 26 kms. Entre las dos he hecho el trail de la Breña, también de Solidaridad y Deporte, de 33 kilómetros, dos medias maratones, la de Sevilla - Los Palacios y la de los Toruños y un duatlon (que fue un desastre) en S. José del Valle.
La de las 7 playas ha sido la más larga y, sin duda, la más dura. Creo que no tanto por la distancia, los 50 kms, que ya son, y hay que hacerlos por supuesto, sino por el hecho de que se corre por la playa, por arena. Cuando se va por arena fina y mojada, con bajamar, no se va mal. Sin embargo, en los tramos en los que la arena es un poco más gruesa (en algunos tramos del recorrido entre S. Fenando y Cádiz o en la Punta Boquerón) o se va por arena seca (cuando tras rodear la Punta Boquerón la carrera se encamina por detrás de las dunas) los pies se hunden y es prácticamente imposible correr, máxime cuando llevas más de cuarenta kilómetros en las piernas. No tienes más remedio que andar, y ahí te duele todo un poco, sobre todo los pies, las piernas y la espalda.
De todas formas la carrera es una experiencia impresionante, es una prueba de fondo pura. Hay que llevar geles y sales para estar alimentado y bien hidratado, de manera que no tengas ni calambres ni tirones, y evitar las pájaras. Yo así lo hice y no tuve ningún percance. Sólo una gran ampolla en el dedo corazón del pie derecho que ni siquiera reventó, con lo que no me hizo daño. Temía un poco los pies. Cuando hice la de la Breña, de 33 km, perdí la uña del dedo pequeño del pie izquierdo.
Como ya he dicho es una experiencia estupenda. Aparte de lo físico - hay que entrenar duro y llegar con fondo para aguantar el enorme cansancio y las molestias ya mencionadas, de pies, piernas, rodillas, espalda...- está lo psicológico. También hay que aguantar, poner el piloto automático y echarle paciencia. A lo largo de las casi seis horas que eché corriendo te preguntas más o menos unas mil veces qué haces tú un domingo por la mañana, en una carrera de 50 kilómetros, sufriendo, pudiendo estar en una terraza tomando unas enormes y frescas cervezas. He seguido los consejos de Murakami, que en su ensayo titulado De qué hablo cuando hablo de correr, cuenta una carrera de gran fondo que él hizo y que, para poder terminarla,  en ningún momento se la plateaba en su totalidad, sino que jugaba a cubrir etapas, llegar hasta tal duna, aquel chiringuito, tal grupo de bañistas... y así hasta terminar. Mi objetivo no era otro que terminar corriendo. Sin embargo, durante la carrera, y como iba teniendo buenas sensaciones, me propuse bajar de las seis horas, y las dos cosas las conseguí.
Yo quedé muy satisfecho. Es una prueba muy dura pero se la recomiendo a cualquiera que le guste el fondo, y le guste ir superando retos. Ya sabéis... ¡Quién Resiste Vence!
Salud.


Esta fue la carrera