El pequeño Nicolás, el gran Bárcenas, el eterno Fabra, el extravagante Bigotes, el dandi Correa, todos los Puyoles, el sindicalista Lanzas... Las Gürtel, los EREs, los cursos de formación....
Cada día el periódico nos trae un caso nuevo, o nuevas sobre casos viejos. Piezas de un puzle cuya imagen última aún no conocemos, pero que intuimos my fea.
No menor de entre todas estas piezas es, a pesar de su apelativo, el pequeño Nicolás. Hace nada que entró en el juego y ya ocupa un lugar preeminente. Tiene elementos que la hacen especialmente atractiva: joven de veinte años, perteneciente a las Nuevas Generaciones del PP y a la fundación FAES, de aspecto agradable y que, a la vista del book fotográfico que esgrime, es un habitual en la cúpula del PP nacional (especialmente con los líderes de Madrid), entre lo más granado del empresariado de la capital e incluso en la propia casa real, cuando lo pudimos ver dando la mano al rey en su proclamación. Pero Nicolás no luce en las portadas de los periódicos y en las cabeceras de telediarios y noticiarios de radio hasta que es detenido por la policía nacional y pasa incomunicado el tiempo de rigor. Es de ahí desde donde salta a los platós de televisión (Tele5 especialmente) y donde empieza a construir su relato: no sólo lo que ya se sabe, amigo de políticos (con contactos desde la vicepresidencia del Gobierno a la Comunidad y alcaldía de Madrid) y empresarios, sino además, según él mismo, una especie de agente-colaborador-confidente del CNI, y hete aquí, encargado de negociar en nombre de la familia real con el sindicato Manos Limpias, para que éste retire la denuncia que mantiene contra la Infanta Cristina en el caso Nóos a cambio de dinero... incluso hay quien lo ve mediando en el problema catalán. ¿De verdad Nicolás anda en estos menesteres y da para tanto...? No lo creo.
Sí me parecen ciertos sus chanchullos como mediador entre empresarios y poderes públicos, cosa que a mi juicio viene a poner de manifiesto que el pequeño Nicolás es un individuo producto de cómo funciona todo en nuestro país. No hay Nicolases en Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia... Sin embargo, en España, si quieres hacer una carretera, construir un palacio de exposiciones, levantar un puente o un aeropuerto, una estación de servicio o la concesión de una ITV necesitas a alguien que te consiga el contacto apropiado: un familiar, un amigo, un político, un sindicalista o un Nicolás, un conseguidor, alguien que conozca a la persona apropiada y a cambio del pago de los honorarios pertinentes te allane el terreno.
Nicolás es eso, un conseguidor, muy precoz en efecto, pero no más que eso. Según le he oído a él mismo en esos platós de televisión, intermedió en la compra - venta e una finca de Toledo a cambio de 40000 €, facilitó contactos para negocios en México, puso en contacto a un empresario que quería adquirir varios hoteles en Madrid con el Secretario de Estado de Comercio García - Legaz, y del mismo modo, le ofreció a otro empresario, en concreto a Carlos Zapata, sus servicios de mediación con el mismo Secretario de Estado para facilitarle la puesta en marcha de un negocio a cambio de 200000 €.
Se podrían poner más ejemplos, y con el tiempo estoy seguro que saldrá muchos asuntos más asociados a este personaje, pero los citados son suficientes para ilustrar el tema. Su juventud es algo anecdótico, aliña el caso y poco más, y la posibilidad de que alguien lo haya manejado en beneficio propio es algo consustancial a estos tejemanejes, parte del modus operandi en estos negocios: yo me sirvo de ti y corro el riesgo de que tú te sirvas de mi al mismo tiempo. Sí me resulta más interesante desde el punto de vista de la trama el hecho de que posiblemente parte de las buenas relaciones que exhibía con el album de fotos y las cosas que dice haber hecho para la casa real, el CNI o la vicepresidencia del gobierno no fueran más que una impostura, con las que trataba de hacer ver que ocupaba un lugar que no siempre era el que decía ser, pero que necesitaba aparentar para la buena venta de sus servicios. No es por tanto un caso de corrupción al uso, se le acusa de estafa y falsedad (por ahora). Para ser precisos habría que decir que es la historia de un timo, de las argucias propias de un individuo que quiere hacer fortuna en medio de una realidad corrupta y corruptible. Y es precisamente esa realidad a mi juicio lo relevante. Es nuestro modo de hacer las cosas en España las que hacen necesario al Pequeño, que los nicolases están en el paisaje, que el político o funcionario de cazo alegre de turno cuenta con que en algún momento aparecerá, y el empresario que trata de crecer en según qué negocios lo terminará buscando para acelerar trámites, evitar competencias... Entonces, ¿qué le ha fallado a nuestro personaje en esta historia? quizás que pidió demasiado dinero, demasiado pronto, a demasiada gente y a cambio de poca cosa... Simplemente que no cumplió con la eficacia debida con los compromisos que adquirió. Y no cumplió porque en su historia era muchísima más la paja que el grano.
Por último, lo que ha dado relevancia a Nicolás es lo que tiene de simbólico. Aparece en medio de una realidad llena de corruptos y corruptelas, y en la que en absoluto hubiera destacado de no ser por esos elementos que lo caracterizan y lo muestran como una caricatura de sí mismo, como un reflejo de los espejos del callejón del gato de Valle-Inclán, haciéndonos esa triste gracia que hace el esperpento, en tanto representación grotesca de una realidad tan tristemente cierta.
España, efectivamente, es país para Nicolases. Y a la vista de lo que hay, nos costará que deje de serlo.
Salud




