domingo, 14 de febrero de 2021

Se pierde el discurso...

Todos los gobiernos autónomos, sea cual sea su color político, están adoptando más o menos las mismas medidas de "contención del gasto" en la educación, en respuesta a las exigencias de reducción del déficit público que dicta el gobierno de Madrid: elevar al profesorado  la jornada lectiva a veinte horas (con alumnos), aumentar la ratio de las clases de secundaria (hasta un 20%) y rebajar (en diferentes conceptos según cada autonomía) el salario de los docentes. Habrá menos docentes, que cobrarán menos, pero eso sí, atendiendo a un número mayor de alumnos. Ahorro en el capítulo uno de los presupuestos, los gastos de personal (se pagará menos a menos profesores y maestros) sin merma en el "servicio", es decir, atendiendo a toda la población entre 3 y 16 años. Todo el mundo puede imaginar cómo. El deterioro que se causará a la enseñanza pública será notable.

Las cosas están muy mal, la prima de riesgo ha rebasado los 140, no encontramos quién nos preste , no se puede gastar lo que no tenemos, austeridad, austeridad, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, si no recortamos de sanidad y educación que se come un porcentaje altísimo de la partida presupuestaria de gastos de dónde vamos a recortar, sí, si sabemos que causa daños pero qué le vamos a hacer, es el momento de los esfuerzos, de hacer sacrificios, de trabajar más, arrimar el hombro y no de echarse a la calle... De los sindicatos ni te cuento, apesebrados, forman parte de los gobiernos, están a lo suyo, a mantenerse como liberados y defender sus asignaciones, sedes... Y los políticos, qué me dices, corruptos, a trincar lo que puedan, en el menor tiempo posible y en la mayor cantidad... con unos despachos de ptamadre, su coche oficial, su chófer... Además qué educación tenemos, con alumnos que no quieren hacer nada, que agreden a sus iguales y a los profesores, que salen leyendo con dificultad, pero qué cabe esperar, hijos de la LOGSE...

Ese es el relato dominante en el imaginario colectivo. La izquierda no sólo no ha sabido construir uno alternativo, sino que en cierta medida ha contribuido a la extensión del antes descrito con un excesivo afán contemporizador, aliñado con cierta candidez, y con unos reflejos completamente abotargados por los laureles, y si no por qué aquel empeño en negar la crisis. El discurso liberal en lo económico y conservador en lo político tiende a ocupar todo el espacio. El desarme ideológico causa estupor, cuando no pavor. Es cierto que las cosas no pintan bien, pero no lo es menos que la respuesta para solucionarlo puede ser otra, más social, más solidaria... más política y menos "técnica", como gusta llamar a la derecha a las soluciones que ellos plantean, y así hacerlas inevitables cuando créanme si les digo que son también políticas, responden a un modelo, el liberal.
Esa demonización del sindicalismo, esa demonización de la política está dentro del argumentario. Se eliminan de raíz, sin nada que ocupe el vacío dejado, los únicos medios de protección y progreso que tienen los que no tienen casi nada: los derechos socioeconómicos y laborales que tanto y tanto han costado definir y asumir por la sociedad: una educación gratuita y obligatoria que garantiza la igualdad de oportunidades, una sanidad también pública que nos hace iguales, un sistema impositivo progresivo que redistribuye la riqueza y contribuye a la ampliación de las denominadas clases medias...
Y por último, en relación con la educación, ese discurso negativo, machacón y permanente que ha venido demoliendo la enseñanza pública, ha convertido a ésta en una institución que muy pocos defienden de cara, con valentía... No olvidemos de dónde venimos, no olvidemos cómo el sistema educativo ha cambiado nuestro país. Los que como yo entramos en la adolescencia en los años setenta del siglo pasado, y llegamos a la universidad en los ochenta, siendo así la primera generación de diplomados y  licenciados de nuestras familias, en  muchas de ellas con abuelos (más abuelas) aún analfabetos... sabemos de qué hablamos cuando hablamos de cambio.
Ojalá me equivoque y este derribo no se consume. Porque la sanidad, y también la educación, son un derecho, no un servicio.

lunes, 13 de abril de 2020

La vida perra de Juanita Narboni.

Esta novela llegó a mis manos en algún momento que no recuerdo del curso pasado (2018/2919). Me la recomendó vehementemente mi amigo Pepe López, y él fue el que me la prestó. La considera una de las mejores obras que ha leído nunca, y un hito en la literatura española del siglo XX. Sin embargo, a mi me ha costado mucho empezarla y terminarla. Ha tenido que llegar el confinamiento impuesto por la expansión del coronavirus para retomar su lectura, que finalmente me ha ocupado poco más de tres "sentadas". Efectivamente se trata de una gran novela.
Yo no conocía a su autor, el tangerino Ángel Vázquez Molina (junio de 1929 - Madrid, febrero de 1980), escritor de corta producción y vida un tanto truculenta, con graves problemas económicos y de alcoholismo. En 1965 abandona Tánger y se instala en Madrid, donde vivirá hasta el final de sus días de lo que publica, y de algunos premios literarios que consigue.
Tres elementos ocupan un lugar de privilegio en la vida de Vázquez: su madre y el círculo de amigas de ésta en Tánger; su pasión por la lengua (y la yaquetía, que hace referencia al castellano que se habla en Tánger, plagado de expresiones de otras lenguas, especialmente el hebreo y el árabe); y la propia ciudad de Tánger, que como se ha dicho, se ve obligado a abandonar en 1965, tras las muertes sucesivas de su madre y su abuela.
Y estos tres elementos son los que hacen de esta novela novela lo que es: una gran obra literaria.

  • La multitud de personajes que pasan por sus páginas, muchísimos femeninos, muy probablemente inspirados en las amigas de la madre de Ángel Vázquez, de origen y creencias muy diverso (ingleses, franceses, españoles... católicos, protestantes, judíos...) cada personaje carga con su legua, costumbres, hábitos, pretensiones, ilusiones, frustraciones... y muy pocos son de origen marroquí (casi sólo aparece Hamruch, la asistenta de nuestra Juanita). Algo perfectamente lógico  tratándose de Tánger, que durante los años en los que transcurre la narración es una ciudad con estatus internacional, que le es reconocido en 1912, que no se hace efectivo hasta 1923, y terminará en 1959, con la independencia completa de Marruecos. Años en los que termina la ficción. La propia Juanita Narboni es hija de un gibraltareño y una andaluza (cosa que se manifiesta también en muchas expresiones que utiliza).
  • La lengua. Es el sostén de la obra. Se trata de una narración en primera persona, llena de expresiones de otras lenguas (incluida la yaquetía), con un uso incorrecto en ocasiones del castellano, todo ello propio de una cultura de frontera como es la tangerina. Ese extenuante monólogo de la Narboni, a través del que dibuja su mundo y el de todos (todas) los que la rodean, y se expresan por boca de Juanita, incluso cuando no dicen nada.
  • La ciudad de Tánger, que es algo más que el espacio en el que se desenvuelven los personajes,  y en ocasiones parece un personaje más: sus calles, tiendas, mercados, cafés, playas, cementerios... Juanita pasa largas horas en el que están enterrados sus padres, hablando con su madre. Una ciudad sobre cuya realidad reflexiona Juanita, señalando los hitos históricos que ella cree destacables, y cuya decadencia progresiva describe con gran pesar, decadencia que ella ve causada por la progresiva arabización que conlleva el proceso de independencia marroquí.
Por último, y como ya he señalado más arriba, a mi modo de ver, lo que hace a esta obra realmente única es el estilo literario. Es un monólogo casi ininterrumpido: 54 unidades, sin numerar ni titular, separadas por un espacio en blanco y con las primeras palabras de cada unidad escritas en mayúscula;  y divididas en dos partes (Primera parte - 21 unidades -  y Segunda Parte - las 33 restantes -, también intituladas). Como señala Virginia Trueba en su extensa introducción (cuya lectura considero imprescindible), en las primeras 21 unidades pasan los acontecimientos fundamentales de la vida de Juanita, y en las 33 restantes sobrevive en un mundo (su mundo) que va desapareciendo en la medida que desaparecen los personajes que lo pueblan.
Toda la narración es en primera persona, un monólogo directo e inmediato, frenético, en cuyo desarrollo aparece la realidad "perra" de Juanita Narboni: la relación con su madre como elemento axial, y también, de modo destacado con su padre y hermana (Elena, a la que trata de descarada, ordinaria y a veces de puta), que escapa a Casablanca, donde se casa y vive gracias a un negocio de hostelería... cuenta una vida que ella considera que en gran medida se le ha hurtado, por no ser capaz de hacer aquello que quería (cosa que reconoce sí ha sido capaz de hacer la "perdida" de su hermana), con dos novios (homosexuales) con los que nunca consumó relación alguna... es en la segunda parte de la novela donde cuenta con mayor amargura su realidad, cuando más reproches hace a todos y a todo, en medio de una ciudad que cada vez le cuesta más reconocer.
Magnífica novela  publicada en 1976, con un gran éxito de crítica, como así lo atestigua las que en su momento hicieron Haro Tecglen, Haro Ibars (su hijo), Luis Antonio de Villena... con bastante menos éxito de público, y enseguida olvidada (casi tanto como su autor).
No es una lectura fácil, pero sí muy recomendable para los amantes de la Literatura (con mayúcula).

Esta edición:
La vida Perra de Juanita Narboni
Ángel Vázquez
Edición de Virginia Trueba
Cátedra, Madrid 2000

domingo, 7 de febrero de 2016

Maratón de Sevilla 2015

Este mes hace un año de mi primera maratón: la de Sevilla. Tal y como esperaba fue una carrera estupenda: una ciudad preciosa, un día espléndido, un montón de gente a lo largo de todo el recorrido y una participación de unos doce mil corredores. Magnífico.
Del resultado de la carrera estoy muy contento: la hice en 4 horas, 15 minutos y 16 segundos, a 6:02 el kilómetro de media, y llegué en la posición 6496 en la general, en la 6403 de hombres y en la 910 de mi categoría. En este enlace está el informe personal y en este otro el diploma.
La imagen de la derecha es el plano del recorrido.
La experiencia fue muy buena. Llegué a la carrera con la duda de si sería capaz de terminarla y lo cierto es que así lo hice. Comencé con muchas reservas, tal y como muestran los tiempos: los primeros diez kilómetros los hice a 5:55; sin embargo, desde el 10 y hasta el 21 fui sobre 5:10, volví a bajar hasta el 25, que hice una media de 6:05, pero luego mejoré del 25 al treinta pues lo hice en una media de 4:24. Hasta el 35 aún me mantuve en 5:24, pero a partir de aquí el bajón fue considerable: hasta el cuarenta volví a los 5:52 y de ahí a meta lo hice en 6:02.  Desde el 35 iba completamente desfondado y hubo momentos en que no tuve más remedio que andar, bien es cierto que tramos cortos, pero no podía correr. Los avituallamientos no me permitían mejorar nada, ni la bebida ni la comida (geles o fruta).
Considero que es la carrera más dura que he hecho hasta la fecha. Y eso que he corrido varias carreras que, en principio, son más duras que un maratón: los 50 kms de la carrera de San Fernando (las Siete Playas), los 33 de la Breña, que transcurre por el campo, y termina en una zona de dunas... En todas se acaba roto y, si embargo, en la maratón me sentí al final más fatigado que en ninguna. En los últimos kilómetros me dolían los tobillos y las rodillas, y me faltaba energía, la fatiga es completa. Y creo que hay una razón para que esto sea así: si bien el objetivo en todas es cruzar la meta corriendo (en palabras de Murakami), al maratón siempre se va con un objetivo, más o menos claro. El mío era rondar las cuatro horas, y así lo hice. Eso te hace forzar en momentos concretos y llegar a la altura de los 35 o 37 kms francamente tocado. Es el muro, y aunque es mi primera carrera de esta distancia, ahí estaba, y superarlo cuesta muchísimo.
Animado con el resultado de Sevilla me inscribí en la de Valencia, para correrla en noviembre. Aquí si me puse como objetivo bajar de las 4 horas y he llevado un ritmo de entreno mucho más duro. Tanto ha sido así que me lesioné y no pude correrla finalmente. Durante el mes de septiembre empecé a hacer una media maratón cada sábado y este ritmo me pasó factura. Me dio un dolor en el talón del que he tardado dos meses en recuperarme (y aún no lo estoy del todo).

En fin. Que es una magnífica experiencia que le recomiendo a todo el mundo. Que Sevilla es una ciudad ideal para hacer el primero. Que lo importante es llegar corriendo, los tiempos ya caerán y lo suyo es disfrutar del reto, del esfuerzo.
En este enlace os dejo un vídeo con la llegada a meta.



jueves, 21 de mayo de 2015

Crematorio




"La injusticia del tiempo, Matías, no sé si, por fin, te has dado cuenta de que el tiempo siempre pone las cosas en el sitio que no les corresponde" (413).

        

                Rafael Chirbes (Tavernes de Valldigna, Valencia, 1949) publicó la novela Crematorio  en 2007, en la editorial Anagrama, obra que le valió el Premio Nacional de la Crítica de ese año.

                Empezaremos con dos citas del autor entresacadas de la entrevista que concedió al periodista de El País Borja Hermoso, publicada el 7 de marzo de 2011 (enlace) con motivo de la llegada a las librerías de esta densa novela:



                "Crematorio, (...), huye de la trama, huye de lo policíaco, huye del misterio, se sostiene en el puro lenguaje, pretende ser una catarsis a partir del lenguaje, es decir que sería un ejercicio casi jesuítico, diríamos, loyolesco, de que el lector se enfrente a toda una serie de cosas que intuye que están dentro de él y no quiere ver".

               

"Crematorio no quiere ser una denuncia de la corrupción urbanística, eso de la corrupción es solo uno de los temas que circulan por detrás(...). La novela trata también de si los ideales se han cumplido o no, y de la deriva de los individuos".



                Crematorio es literatura en estado puro. Una historia que se sostiene en y gracias al lenguaje. Se construye con el relato de un narrador omnisciente, cuya voz se enreda con la de los personajes, que no dejan un instante de contar y contarse hasta la extenuación.

                "Estás tendido sobre una sábana, sobre una lámina de metal o sobre un mármol" (pp 9 y 413)

                Con esta frase empieza y termina la novela. Es como Rubén Bertomeu piensa en Matías, su hermano muerto. La historia se construye en el poco tiempo que va de la muerte de Matías en el hospital, hasta su incineración en el tanatorio.

                El personaje central es Rubén, arquitecto y constructor, y hermano mayor de Matías. A ojos de todos un especulador del ladrillo que gracias al tráfico de drogas y la construcción, y al mundo de corrupción que rodea a ambas se ha hecho de oro; él sin embargo tiene una alta opinión de sí mismo, y se considera no sólo útil, sino imprescindible en el mundo que vivimos, poco menos que lo sustenta, y así lo pone de manifiesto cuando emite juicios sobre todos aquellos que le rodean. Está convencido además de que es el único que ha sabido jugar sus cartas, y ha hecho lo que debía, y de la única manera posible, obteniendo un enorme beneficio. Muerta su primera mujer, la madre de su única hija, Silvia, a sus setenta años, está casado con una mujer muchísimo más joven que él, Mónica, y que se encuentra embarazada. Silvia la detesta.



"Rubén Bertomeu: Jugamos sucio un tiempo, Collado (...), hicimos lo que tocaba hacer, a eso que los clásicos de la economía lo llamaban la acumulación primitiva de capital, este país necesitaba formar una clase, y no tenía con qué; ahora la clase cierra las fronteras, está el cupo cubierto, toca procurar que no haya toda esa movilidad social, ese meneo, esa permeabilidad entre clases. La permeabilidad absoluta es el desconcierto, y una sociedad desconcertada está condenada a la ruina. A ser devorada por alguien. Se acabó la época de lo sucio, ahora es la hora de lo limpio, lo saludable, que dicen por la tele. Lo healthy, lo clean, lo correcto, nada por aquí, nada por allá. Estamos en la vieja Europa, y la vieja Europa es limpia por principio".(57)



                El lugar en el que se desarrolla la novela es Misent, ciudad imaginaria de la costa levantina completamente transformada por el desarrollo urbanístico, uno de cuyos principales artífices es Rubén. Él asume de manera explícita, en conversación con su hija, cuando ésta le reprocha el desastre urbanístico perpetrado en la ciudad y la corrupción que ha ido aparejada a este, que urbanismo, especulación y corrupción son inseparables.

                En torno a Rubén se mueven todos los demás. El hermano muerto, Matías, un idealista en los ochenta, alcohólico y drogadicto y enfermo,  cuya vida de sueños es a la postre un fracaso, y cuyas mujeres, Ángela, su esposa (con la que tuvo un hijo, Ernesto) y Lucía, con la que nunca se casó, asisten a sus últimos momentos; Silvia, restauradora, fruto del primer matrimonio de Rubén,  con Amparo, y que a su vez está casada con Juan, catedrático de literatura y especialista en el escritor Federico Brouard, amigo de Rubén y Matías...

                Todos ellos viven como satélites alrededor de Rubén, al que reprochan su riqueza, que es fruto de la especulación urbanística, especulación que provocado la ruina del medio ambiente y de las formas culturales y de vida tradicionales de su ciudad. Sin embargo, todos ellos arrastran un pasado que

"es un alien que llevamos todos dentro, que engorda, que está ahí siempre a punto de reventarnos el pecho y escapar" (93),

y casi al final afirma:

"Aunque es verdad que, para llegar al convencimiento de algo tan elemental, resultó imprescindible acallar primero el ruido de dentro, el aleteo de los sueños de juventud. Pero eso es lo normal, el proceso normal de maduración. Darle una patada en el culo a Peter Pan. La juventud - lo cuentan las novelas de Dostoievski - encuentra sentido en lo trágico, en lo violento, en un destructivo globo que estalla y cubre de basura cuanto hay bajo él, porque eso, un montón de basura, es en lo que se convierte el cadáver despedazado de lo más hermoso" (377).



                Por otro lado están los personajes que han salido del lado oscuro de la vida de Rubén, un lado oscuro por otra parte enorme: Collado, su socio, quien con la ayuda del ruso Sarcós hace los trabajos sucios (palizas, sobornos, tráfico de drogas...) y que sufre un "accidente" cuando su coche se incendia y él termina gravemente herido; el resto de los rusos, con negocios en la prostitución, el círculo que integran Traian, Nikolai, Yuri e Irina... De esta última, que es pareja de Traian se enamora Collado, que planea escapar con ella...

                La obra cuenta con 413 páginas organizadas en 13 capítulos que Chirbes ni titula ni numera, constituyéndose cada uno en una narración continua, sin puntos y aparte, en los que se mezcla la primera persona y la tercera, el estilo directo e indirecto, y los largos monólogos salpicados por diálogos siempre encastrados en la narración, siempre evocados como recuerdo. Comienza y termina con las rememoraciones de Rubén, en el capítulo primero en un diálogo sin interlocutor con el difunto Matías, y en el último, el interlocutor es su hija Silvia (que admira a Matías) y que, aunque viva en la ficción, tampoco está presente. Se trata de una novela difícil en la forma, y realista y amarga en el fondo, que no da tregua al lector.

                Como bien apunta el propio Chirves en las citas iniciales, la novela carece de trama lineal, y el desastre del ladrillo no es más que el decorado, enormemente determinante en la historia pero cuya descripción no es el tema central de la misma. Posiblemente es más determinante la construcción de los personajes, sus historias personales, lo que fueron, lo que querían ser y lo que finalmente llegaron a ser.

                Por último decir que la novela está llena de disgresiones sobre temas muy diversos: las cenizas y la mierda como los elementos germinales por excelencia, y muy especialmente en los negocios inmobiliarios; la voluntad de exclusividad de las élites, cueste ésta lo que cueste; la voluntad de posesión del otro, las múltiples referencias al sexo como estar dentro del otro, invadir al otro...

                Magnífica novela





"En Memorias de Adriano - que nos leía a Silvia y a mí mi mujer ante los caravaggios de San Luis de los Franceses - se habla de ese momento excitante en el que los viejos dioses  han muerto y el nuevo dios no acaba de llegar. Momentos fructíferos en los que la humanidad se levanta sólo sobre sus propias fuerzas, pero también terribles porque sufre sin consuelo" (396).


viernes, 9 de enero de 2015

XXVI Media maratón Sevilla - Los Palacios

El pasado 21 de diciembre disputé por segundo año consecutivo la media maratón Sevilla - Villafranca Los Palacios. Este año me la plateé como parte del entrenamiento de la maratón de Sevilla, en la que ya estoy inscrito, y que tendrá lugar el próximo 22 de febrero.
Hice una muy mala carrera. Puede que no tanto por el tiempo, que fue 1:57´, diez minutos más que el registro del año pasado, sino porque este año había entrenado muchísimo más, con la intención de bajar de 1:40´.
La estrategia de carrera era hacer los primeros quince o dieciséis kilómetros a un ritmo de más de 11,5 kms por hora, y a partir de ahí tratar de hacer los últimos cinco o seis a 12 o un poco más de 12, es decir, a 5:00 o menos el km. Me parecía posible pues el año pasado me salió la carrera a 11,66 kms por hora de media (5:09 el km).
Sin embargo, nada salió como pensé. Por dos razones.
En primer lugar porque la noche antes apenas si dormí por una mala digestión. Y para cualquier carrera de fondo si importante es el entreno, no lo es menos el descanso.
Y en segundo lugar, porque aún dada esa circunstancia, no varié en absoluto lo que me había propuesto. A ello contribuyó la sensación que tenía cuando me levanté esa mañana, pues en absoluto me sentía cansado, me encontraba como si hubiera dormido con normalidad.
Empecé la carrera a un ritmo por encima de once, a 11,44 los primeros 14 kilómetros (11:7 los primeros 6), a 5:14 el km, pero al llegar a la altura del kilómetro 13 o 14 me empecé a sentir fatal. Me tomé un gel con cafeína, que no me hizo efecto alguno y tuve que parar de correr y empezar a andar en dos ocasiones. Una pájara tremenda: me dolían las piernas, también los pies y por momentos el costado. No me entraba el agua y tampoco me ayudaban nada los trozos de naranja que daban en los avituallamientos. Creí en ocasiones que tendría que abandonar. Sin embargo no lo hice. Los últimos 4,5 kilómetros los hice a 9,7 kms/h, es decir  a 6:10´el kilómetro.
Nunca había terminado una carreta tan fatigado. Incluso me faltaba el aire al cruzar la meta.
Y sin embargo, alguna cosa me ha enseñado esta edición de la Sevilla - Los Palacios, aparte de que quizás sea excesivo tratar de hacer una media en menos de 1 hora y cuarenta minutos:
La primera es que los ritmos y esfuerzos deben acomodarse a las circunstancias que concurran en cada ocasión. En este caso debí moderar los ritmos de los primeros cinco o seis kilómetros dada la circunstancia de lo poco que había dormido la noche anterior. No forzar hasta perder el fondo, a siete u ocho kilómetros de meta, para cuya conclusión luego se sufre demasiado.
La segunda es una obviedad. Que el fondo es muy duro, y que hay que ir muy atento a las propias sensaciones  físicas, y no dejarse llevar por la cabeza, porque cuando las piernas dejan de responder se deja de disfrutar del esfuerzo y la prueba se hace eterna.
En fin. Ya veremos en el maratón del 22.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Es país para Nicolases


El pequeño Nicolás, el gran Bárcenas, el eterno Fabra, el extravagante Bigotes, el dandi Correa, todos los Puyoles, el sindicalista Lanzas... Las Gürtel, los EREs, los cursos de formación....
Cada día el periódico nos trae un caso nuevo, o nuevas sobre casos viejos. Piezas de un puzle cuya imagen última aún no conocemos, pero que intuimos my fea.
No menor de entre todas estas piezas es, a pesar de su apelativo, el pequeño Nicolás. Hace nada que entró en el juego y ya ocupa un lugar preeminente. Tiene elementos que la hacen especialmente atractiva: joven de veinte años, perteneciente a las Nuevas Generaciones del PP y a la fundación FAES, de aspecto agradable y que, a la vista del book fotográfico que esgrime, es un habitual en la cúpula del PP nacional (especialmente con los líderes de Madrid), entre lo más granado del empresariado de la capital e incluso en la propia casa real, cuando lo pudimos ver dando la mano al rey en su proclamación. Pero Nicolás no luce en las portadas de los periódicos y en las cabeceras de telediarios y noticiarios de radio hasta que es detenido por la policía nacional y pasa incomunicado el tiempo de rigor. Es de ahí desde donde salta a los platós de televisión (Tele5 especialmente) y donde empieza a construir su relato: no sólo lo que ya se sabe, amigo de políticos (con contactos desde la vicepresidencia del Gobierno a la Comunidad y alcaldía de Madrid) y empresarios, sino además, según él mismo, una especie de agente-colaborador-confidente del CNI,  y hete aquí, encargado de negociar en nombre de la familia real con el sindicato Manos Limpias, para que éste retire la denuncia que mantiene contra la Infanta Cristina en el caso Nóos a cambio de dinero...  incluso hay quien lo ve mediando en el problema catalán.  ¿De verdad Nicolás anda en estos menesteres y da para tanto...? No lo creo.
Sí me parecen ciertos sus chanchullos como mediador entre empresarios y poderes públicos, cosa que a mi juicio viene a poner de manifiesto que el pequeño Nicolás es un individuo producto de cómo funciona todo en nuestro país. No hay Nicolases en Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia...  Sin embargo, en España, si quieres hacer una carretera, construir un palacio de exposiciones, levantar un puente o un aeropuerto, una estación de servicio o la concesión de una ITV necesitas a alguien que te consiga el contacto apropiado: un familiar, un amigo, un político, un sindicalista o un Nicolás, un conseguidor, alguien que conozca a la persona apropiada y a cambio del pago de los honorarios pertinentes te allane el terreno.
Nicolás es eso, un conseguidor, muy precoz en efecto, pero no más que eso. Según le he oído a él mismo en esos platós de televisión, intermedió en la compra - venta e una finca de Toledo a cambio de 40000 €, facilitó contactos para negocios en México, puso en contacto a un empresario que quería adquirir varios hoteles en Madrid con el Secretario de Estado de Comercio García - Legaz,  y del mismo modo, le ofreció a otro empresario, en concreto a Carlos Zapata, sus servicios de mediación con el mismo Secretario de Estado para facilitarle la puesta en marcha de un negocio a cambio de 200000 €.
Se podrían poner más ejemplos, y con el tiempo estoy seguro que saldrá muchos asuntos más asociados a este personaje, pero los citados son suficientes para ilustrar el tema. Su juventud es algo anecdótico, aliña el caso y poco más, y la posibilidad de que alguien lo haya manejado en beneficio propio es algo consustancial a estos tejemanejes, parte del modus operandi en estos negocios: yo me sirvo de ti y corro el riesgo de que tú te sirvas de mi al mismo tiempo. Sí me resulta más interesante desde el punto de vista de la trama el hecho de que posiblemente parte de las buenas relaciones que exhibía con el album de fotos y las cosas que dice haber hecho para la casa real, el CNI o la vicepresidencia del gobierno no fueran más que una impostura, con las que trataba de hacer ver que ocupaba un lugar que no siempre era el que decía ser, pero que necesitaba aparentar para la buena venta de sus servicios. No es por tanto un caso de corrupción al uso, se le acusa de estafa y falsedad (por ahora). Para ser precisos habría que decir que es la historia de un timo, de las argucias propias de un individuo que quiere hacer fortuna en medio de una realidad corrupta y corruptible. Y es precisamente esa realidad a mi juicio lo relevante.  Es nuestro modo de hacer las cosas en España las que hacen necesario al Pequeño, que los nicolases están en el paisaje, que el político o funcionario de cazo alegre de turno cuenta con que en algún momento aparecerá, y el empresario que trata de crecer en según qué negocios lo terminará buscando para acelerar trámites, evitar competencias... Entonces, ¿qué le ha fallado a nuestro personaje en esta historia? quizás que pidió demasiado dinero, demasiado pronto, a demasiada gente y a cambio de poca cosa... Simplemente que no cumplió con la eficacia debida con los compromisos que adquirió. Y no cumplió porque en su historia era muchísima más la paja que el grano.
Por último, lo que ha dado relevancia a Nicolás es lo que tiene de simbólico. Aparece en medio de una realidad llena de corruptos y corruptelas, y en la que en absoluto hubiera destacado de no ser por esos elementos que lo caracterizan y lo muestran como una caricatura de sí mismo, como un reflejo de los espejos del callejón del gato de Valle-Inclán, haciéndonos esa triste gracia que hace el esperpento, en tanto representación grotesca de una realidad tan tristemente cierta.
España, efectivamente, es país para Nicolases. Y a la vista de lo que hay, nos costará que deje de serlo.
Salud

martes, 14 de octubre de 2014

Un viaje de diez metros y Ahí os quedáis

Reseñaré un par de películas que vi hace ya algunas semanas, cuando empecé esta entrada que no he terminado hasta hoy. La primera fue Un viaje de diez metros, del sueco Lasse Hallström (Estocolmo 1946), sobre un guión de Steven Knight, a partir de la novela homónima del escritor y periodista de origen portugués Richard C. Morais; la segunda es Ahí os quedáis, del director canadiense Shawn Levy (Montreal 1968) con guión basado en al novela This Is Where I Leave You (título original de la película) del neoyorquino Jonathan Tropper.

Un viaje de diez metros  cuenta la historia de una familia india que se ve obligada a salir de su país cuando un incendio provocado, consecuencia de un acto de violencia política, acaba con el negocio de restauración que tenía en Bombay y con la vida de la madre. El padre y cinco hijos, tres niños (uno de ellos con un talento excepcional para la cocina) y dos niñas, se trasladan a Europa. Entran al viejo continente por Holanda, y tras probar fortuna en Inglaterra, se trasladan a un pequeño pueblo del sur de Francia, donde se quedan porque es en él donde se averían los frenos del coche que conducía el padre. Éste, interpreta el percance como una señal, y decide (sin atender la opinión en contra de los hijos) quedarse ahí. Compran una casona vieja y montan un restaurante en el que servir comida india. El problema es que en frente de su restaurante, a diez metros, hay otro, éste francés, de lujo, con una estrella michelín. A partir de ahí la película desarrolla diversos temas. Algunos muy duros como el problema de la inmigración en Europa o la violencia xenófoba en Francia, y otros que lo son menos: lo duro y extravagante que resulta el mundo de la alta restauración, varias historias de amor... A mi parecer ningún tema es tratado con profundidad, y mucho menos los relacionados con lo social y político.
Lo que sí logra Levy es una película de gran ternura gracias  a la delicadeza con la que trata todas las escenas de cocina, los olores, los colores, las texturas..., evocando permanentemente el cariño de la madre muerta; consigue trabar una historia delicada y hermosa. Si a ello unimos los aciertos cómicos, el resultado es una película muy positiva y dulce...y poco más.

Ahí os quedáis es otra cosa. Una familia judía se reúne con motivo de la muerte del padre para guardar los siete días de luto que prescribe su religión tras el entierro: la shivá.Toda la familia debe permanecer todos esos días en el hogar del fallecido, compartiendo el dolor por el ser querido. La ocasión congrega a "los que quedan": la madre y los cuatro hermanos, todos ellos bastante descreídos en términos religiosos, que afrontan la situación con gran sentido del humor. Están en ese momento de la vida en el que siempre hay un motivo para la infelicidad, motivo que, sea el que sea, te permite descubrir que aquello de la felicidad es según cuándo y dónde, y nunca es total y siempre. Toda decisión conlleva un lastre, y la gatera está completamente llena de pelos.
El realizador nos cuenta la vida de todos y cada uno de los hijos y de la madre, quedando el muerto en el papel de causa simple de la reunión, no se le llora en exceso y tampoco se le recuerda con profunda tristeza. Empieza por el segundo de los hijos, quien poco antes de saber lo sucedido a su padre descubre a su mujer en la cama con su jefe (que resulta ser un perfecto capullo) y decide abandonarla, antes de que ella le descubra que está embarazada y que el hijo que viene es de él; el hijo mayor está enamorado de su mujer y es feliz con ella, y sin embargo no consiguen un muy deseado embarazo, cosa que les hace sentirse profundamente desgraciados; el hijo pequeño es un inmaduro incorregible, que mantiene una relación con una mujer mucho mayor que él, a la que engaña con una antigua novia durante los siete días de la shivá; y la única hija, que además es el único miembro del grupo con hijos, tiene un marido que está más atento a los negocios que a ella, quien por otro lado parece seguir enamorada de un vecino suyo que quedó mal tras un accidente de tráfico en el que ella estuvo involucrada y con el que se ve en secreto... y por último la madre, de la que el final de la película nos descubre que es lesbiana, y mantiene una relación con la madre del hijo del accidente, realidad que hace pensar cómo tuvo que pasar el patriarca muerto los últimos años de su vida.
Así contado, cabría pensar que son seis historias desgraciadas (si incluimos al muerto), por una u otra razón. Sin embargo el sabor de boca que te queda al final de la película es a pura realidad, y positivo, una especie de es lo que hay, y se trata de seguir... El director coloca la lupa encima de cada personaje y nos cuenta su situación desde una gran humanidad, una gran compasión - de "sentir con"-, y comprensión... es una mirada horizontal. Y a pesar de las referencias constantes al judaísmo, en la historia no hay dioses que juzguen fracasos, ni sacerdotes intermediando (el rabino que aparece es joven, amigo de los chicos y en absoluto juega el papel de confortador de almas). Dos elementos ayudan a crear ese clima: el humor y el sexo. Y es que esas dos cosas, la risa y el sexo, de siempre han hecho enmudecer a los dioses y a sus sacerdotes, y es por eso que a éstos les gusta tan poco las dos casas. Pero esto es ya otra historia sobre la que volveremos en otra ocasión.