Esta novela llegó a mis manos en algún momento que no recuerdo del curso pasado (2018/2919). Me la recomendó vehementemente mi amigo Pepe López, y él fue el que me la prestó. La considera una de las mejores obras que ha leído nunca, y un hito en la literatura española del siglo XX. Sin embargo, a mi me ha costado mucho empezarla y terminarla. Ha tenido que llegar el confinamiento impuesto por la expansión del coronavirus para retomar su lectura, que finalmente me ha ocupado poco más de tres "sentadas". Efectivamente se trata de una gran novela.
Yo no conocía a su autor, el tangerino Ángel Vázquez Molina (junio de 1929 - Madrid, febrero de 1980), escritor de corta producción y vida un tanto truculenta, con graves problemas económicos y de alcoholismo. En 1965 abandona Tánger y se instala en Madrid, donde vivirá hasta el final de sus días de lo que publica, y de algunos premios literarios que consigue.
Tres elementos ocupan un lugar de privilegio en la vida de Vázquez: su madre y el círculo de amigas de ésta en Tánger; su pasión por la lengua (y la yaquetía, que hace referencia al castellano que se habla en Tánger, plagado de expresiones de otras lenguas, especialmente el hebreo y el árabe); y la propia ciudad de Tánger, que como se ha dicho, se ve obligado a abandonar en 1965, tras las muertes sucesivas de su madre y su abuela.
Y estos tres elementos son los que hacen de esta novela novela lo que es: una gran obra literaria.
Y estos tres elementos son los que hacen de esta novela novela lo que es: una gran obra literaria.
- La multitud de personajes que pasan por sus páginas, muchísimos femeninos, muy probablemente inspirados en las amigas de la madre de Ángel Vázquez, de origen y creencias muy diverso (ingleses, franceses, españoles... católicos, protestantes, judíos...) cada personaje carga con su legua, costumbres, hábitos, pretensiones, ilusiones, frustraciones... y muy pocos son de origen marroquí (casi sólo aparece Hamruch, la asistenta de nuestra Juanita). Algo perfectamente lógico tratándose de Tánger, que durante los años en los que transcurre la narración es una ciudad con estatus internacional, que le es reconocido en 1912, que no se hace efectivo hasta 1923, y terminará en 1959, con la independencia completa de Marruecos. Años en los que termina la ficción. La propia Juanita Narboni es hija de un gibraltareño y una andaluza (cosa que se manifiesta también en muchas expresiones que utiliza).
- La lengua. Es el sostén de la obra. Se trata de una narración en primera persona, llena de expresiones de otras lenguas (incluida la yaquetía), con un uso incorrecto en ocasiones del castellano, todo ello propio de una cultura de frontera como es la tangerina. Ese extenuante monólogo de la Narboni, a través del que dibuja su mundo y el de todos (todas) los que la rodean, y se expresan por boca de Juanita, incluso cuando no dicen nada.
- La ciudad de Tánger, que es algo más que el espacio en el que se desenvuelven los personajes, y en ocasiones parece un personaje más: sus calles, tiendas, mercados, cafés, playas, cementerios... Juanita pasa largas horas en el que están enterrados sus padres, hablando con su madre. Una ciudad sobre cuya realidad reflexiona Juanita, señalando los hitos históricos que ella cree destacables, y cuya decadencia progresiva describe con gran pesar, decadencia que ella ve causada por la progresiva arabización que conlleva el proceso de independencia marroquí.
Por último, y como ya he señalado más arriba, a mi modo de ver, lo que hace a esta obra realmente única es el estilo literario. Es un monólogo casi ininterrumpido: 54 unidades, sin numerar ni titular, separadas por un espacio en blanco y con las primeras palabras de cada unidad escritas en mayúscula; y divididas en dos partes (Primera parte - 21 unidades - y Segunda Parte - las 33 restantes -, también intituladas). Como señala Virginia Trueba en su extensa introducción (cuya lectura considero imprescindible), en las primeras 21 unidades pasan los acontecimientos fundamentales de la vida de Juanita, y en las 33 restantes sobrevive en un mundo (su mundo) que va desapareciendo en la medida que desaparecen los personajes que lo pueblan.
Toda la narración es en primera persona, un monólogo directo e inmediato, frenético, en cuyo desarrollo aparece la realidad "perra" de Juanita Narboni: la relación con su madre como elemento axial, y también, de modo destacado con su padre y hermana (Elena, a la que trata de descarada, ordinaria y a veces de puta), que escapa a Casablanca, donde se casa y vive gracias a un negocio de hostelería... cuenta una vida que ella considera que en gran medida se le ha hurtado, por no ser capaz de hacer aquello que quería (cosa que reconoce sí ha sido capaz de hacer la "perdida" de su hermana), con dos novios (homosexuales) con los que nunca consumó relación alguna... es en la segunda parte de la novela donde cuenta con mayor amargura su realidad, cuando más reproches hace a todos y a todo, en medio de una ciudad que cada vez le cuesta más reconocer.
Magnífica novela publicada en 1976, con un gran éxito de crítica, como así lo atestigua las que en su momento hicieron Haro Tecglen, Haro Ibars (su hijo), Luis Antonio de Villena... con bastante menos éxito de público, y enseguida olvidada (casi tanto como su autor).
No es una lectura fácil, pero sí muy recomendable para los amantes de la Literatura (con mayúcula).
Magnífica novela publicada en 1976, con un gran éxito de crítica, como así lo atestigua las que en su momento hicieron Haro Tecglen, Haro Ibars (su hijo), Luis Antonio de Villena... con bastante menos éxito de público, y enseguida olvidada (casi tanto como su autor).
No es una lectura fácil, pero sí muy recomendable para los amantes de la Literatura (con mayúcula).
Esta edición:
La vida Perra de Juanita Narboni
Ángel Vázquez
Edición de Virginia Trueba
Cátedra, Madrid 2000