
"La injusticia del tiempo, Matías, no sé si, por fin, te has dado
cuenta de que el tiempo siempre pone las cosas en el sitio que no les
corresponde" (413).
Rafael Chirbes (Tavernes de
Valldigna, Valencia, 1949) publicó la novela Crematorio en 2007, en la editorial Anagrama, obra que le
valió el Premio Nacional de la Crítica de ese año.
Empezaremos con dos citas del
autor entresacadas de la entrevista que concedió al periodista de El País Borja
Hermoso, publicada el 7 de marzo de 2011 (enlace) con motivo de la llegada a las
librerías de esta densa novela:
"Crematorio, (...), huye de la trama, huye de
lo policíaco, huye del misterio, se sostiene en el puro lenguaje, pretende ser
una catarsis a partir del lenguaje, es decir que sería un ejercicio casi jesuítico,
diríamos, loyolesco, de que el lector se enfrente a toda una serie de cosas que
intuye que están dentro de él y no quiere ver".
"Crematorio no quiere ser una denuncia de la
corrupción urbanística, eso de la corrupción es solo uno de los temas que
circulan por detrás(...). La novela trata también de si los ideales se han
cumplido o no, y de la deriva de los individuos".
Crematorio es literatura
en estado puro. Una historia que se sostiene en y gracias al lenguaje. Se
construye con el relato de un narrador omnisciente, cuya voz se enreda con la
de los personajes, que no dejan un instante de contar y contarse hasta la
extenuación.
"Estás tendido sobre una sábana,
sobre una lámina de metal o sobre un mármol" (pp 9 y 413)
Con esta frase empieza y termina la novela. Es como Rubén Bertomeu
piensa en Matías, su hermano muerto. La historia se construye en el poco tiempo
que va de la muerte de Matías en el hospital, hasta su incineración en el
tanatorio.
El personaje central es Rubén,
arquitecto y constructor, y hermano mayor de Matías. A ojos de todos un
especulador del ladrillo que gracias al tráfico de drogas y la construcción, y
al mundo de corrupción que rodea a ambas se ha hecho de oro; él sin embargo
tiene una alta opinión de sí mismo, y se considera no sólo útil, sino
imprescindible en el mundo que vivimos, poco menos que lo sustenta, y así lo
pone de manifiesto cuando emite juicios sobre todos aquellos que le rodean.
Está convencido además de que es el único que ha sabido jugar sus cartas, y ha
hecho lo que debía, y de la única manera posible, obteniendo un enorme
beneficio. Muerta su primera mujer, la madre de su única hija, Silvia, a sus
setenta años, está casado con una mujer muchísimo más joven que él, Mónica, y
que se encuentra embarazada. Silvia la detesta.
"Rubén
Bertomeu: Jugamos sucio un tiempo, Collado (...), hicimos lo que tocaba hacer,
a eso que los clásicos de la economía lo llamaban la acumulación primitiva de
capital, este país necesitaba formar una clase, y no tenía con qué; ahora la
clase cierra las fronteras, está el cupo cubierto, toca procurar que no haya
toda esa movilidad social, ese meneo, esa permeabilidad entre clases. La
permeabilidad absoluta es el desconcierto, y una sociedad desconcertada está
condenada a la ruina. A ser devorada por alguien. Se acabó la época de lo
sucio, ahora es la hora de lo limpio, lo saludable, que dicen por la tele. Lo
healthy, lo clean, lo correcto, nada por aquí, nada por allá. Estamos en la
vieja Europa, y la vieja Europa es limpia por principio".(57)
El lugar en el que se desarrolla
la novela es Misent, ciudad imaginaria de la costa levantina completamente
transformada por el desarrollo urbanístico, uno de cuyos principales artífices
es Rubén. Él asume de manera explícita, en conversación con su hija, cuando ésta
le reprocha el desastre urbanístico perpetrado en la ciudad y la corrupción que
ha ido aparejada a este, que urbanismo, especulación y corrupción son
inseparables.
En torno a Rubén se mueven todos
los demás. El hermano muerto, Matías, un idealista en los ochenta, alcohólico y
drogadicto y enfermo, cuya vida de sueños es a la postre un fracaso, y
cuyas mujeres, Ángela, su esposa (con la que tuvo un hijo, Ernesto) y Lucía,
con la que nunca se casó, asisten a sus últimos momentos; Silvia, restauradora,
fruto del primer matrimonio de Rubén, con Amparo, y que a su vez está
casada con Juan, catedrático de literatura y especialista en el escritor
Federico Brouard, amigo de Rubén y Matías...
Todos ellos viven como satélites
alrededor de Rubén, al que reprochan su riqueza, que es fruto de la especulación
urbanística, especulación que provocado la ruina del medio ambiente y de las formas
culturales y de vida tradicionales de su ciudad. Sin embargo, todos ellos
arrastran un pasado que
"es un
alien que llevamos todos dentro, que engorda, que está ahí siempre a punto de
reventarnos el pecho y escapar"
(93),
y
casi al final afirma:
"Aunque es verdad que, para llegar al convencimiento
de algo tan elemental, resultó imprescindible acallar primero el ruido de
dentro, el aleteo de los sueños de juventud. Pero eso es lo normal, el proceso
normal de maduración. Darle una patada en el culo a Peter Pan. La juventud - lo
cuentan las novelas de Dostoievski - encuentra sentido en lo trágico, en lo
violento, en un destructivo globo que estalla y cubre de basura cuanto hay bajo
él, porque eso, un montón de basura, es en lo que se convierte el cadáver
despedazado de lo más hermoso" (377).
Por otro lado están los personajes
que han salido del lado oscuro de la vida de Rubén, un lado oscuro por otra
parte enorme: Collado, su socio, quien con la ayuda del ruso Sarcós hace los
trabajos sucios (palizas, sobornos, tráfico de drogas...) y que sufre un
"accidente" cuando su coche se incendia y él termina gravemente
herido; el resto de los rusos, con negocios en la prostitución, el círculo que
integran Traian, Nikolai, Yuri e Irina... De esta última, que es pareja de
Traian se enamora Collado, que planea escapar con ella...
La obra cuenta con 413 páginas
organizadas en 13 capítulos que Chirbes ni titula ni numera, constituyéndose
cada uno en una narración continua, sin puntos y aparte, en los que se mezcla
la primera persona y la tercera, el estilo directo e indirecto, y los largos
monólogos salpicados por diálogos siempre encastrados en la narración, siempre
evocados como recuerdo. Comienza y termina con las rememoraciones de Rubén, en
el capítulo primero en un diálogo sin interlocutor con el difunto Matías, y en
el último, el interlocutor es su hija Silvia (que admira a Matías) y que, aunque
viva en la ficción, tampoco está presente. Se trata de una novela difícil en la
forma, y realista y amarga en el fondo, que no da tregua al lector.
Como bien apunta el propio
Chirves en las citas iniciales, la novela carece de trama lineal, y el desastre
del ladrillo no es más que el decorado, enormemente determinante en la historia
pero cuya descripción no es el tema central de la misma. Posiblemente es más determinante
la construcción de los personajes, sus historias personales, lo que fueron, lo
que querían ser y lo que finalmente llegaron a ser.
Por último decir que la novela
está llena de disgresiones sobre temas muy diversos: las cenizas y la mierda
como los elementos germinales por excelencia, y muy especialmente en los
negocios inmobiliarios; la voluntad de exclusividad de las élites, cueste ésta lo
que cueste; la voluntad de posesión del otro, las múltiples referencias al sexo
como estar dentro del otro, invadir al otro...
Magnífica novela
"En Memorias de Adriano - que nos leía a Silvia y
a mí mi mujer ante los caravaggios de San Luis de los Franceses - se habla de
ese momento excitante en el que los viejos dioses han muerto y el nuevo dios no acaba de
llegar. Momentos fructíferos en los que la humanidad se levanta sólo sobre sus
propias fuerzas, pero también terribles porque sufre sin consuelo" (396).

