El pasado 21 de diciembre disputé por segundo año consecutivo la media maratón Sevilla - Villafranca Los Palacios. Este año me la plateé como parte del entrenamiento de la maratón de Sevilla, en la que ya estoy inscrito, y que tendrá lugar el próximo 22 de febrero.
Hice una muy mala carrera. Puede que no tanto por el tiempo, que fue 1:57´, diez minutos más que el registro del año pasado, sino porque este año había entrenado muchísimo más, con la intención de bajar de 1:40´.
La estrategia de carrera era hacer los primeros quince o dieciséis kilómetros a un ritmo de más de 11,5 kms por hora, y a partir de ahí tratar de hacer los últimos cinco o seis a 12 o un poco más de 12, es decir, a 5:00 o menos el km. Me parecía posible pues el año pasado me salió la carrera a 11,66 kms por hora de media (5:09 el km).
Sin embargo, nada salió como pensé. Por dos razones.
En primer lugar porque la noche antes apenas si dormí por una mala digestión. Y para cualquier carrera de fondo si importante es el entreno, no lo es menos el descanso.
Y en segundo lugar, porque aún dada esa circunstancia, no varié en absoluto lo que me había propuesto. A ello contribuyó la sensación que tenía cuando me levanté esa mañana, pues en absoluto me sentía cansado, me encontraba como si hubiera dormido con normalidad.
Empecé la carrera a un ritmo por encima de once, a 11,44 los primeros 14 kilómetros (11:7 los primeros 6), a 5:14 el km, pero al llegar a la altura del kilómetro 13 o 14 me empecé a sentir fatal. Me tomé un gel con cafeína, que no me hizo efecto alguno y tuve que parar de correr y empezar a andar en dos ocasiones. Una pájara tremenda: me dolían las piernas, también los pies y por momentos el costado. No me entraba el agua y tampoco me ayudaban nada los trozos de naranja que daban en los avituallamientos. Creí en ocasiones que tendría que abandonar. Sin embargo no lo hice. Los últimos 4,5 kilómetros los hice a 9,7 kms/h, es decir a 6:10´el kilómetro.
Nunca había terminado una carreta tan fatigado. Incluso me faltaba el aire al cruzar la meta.
Y sin embargo, alguna cosa me ha enseñado esta edición de la Sevilla - Los Palacios, aparte de que quizás sea excesivo tratar de hacer una media en menos de 1 hora y cuarenta minutos:
La primera es que los ritmos y esfuerzos deben acomodarse a las circunstancias que concurran en cada ocasión. En este caso debí moderar los ritmos de los primeros cinco o seis kilómetros dada la circunstancia de lo poco que había dormido la noche anterior. No forzar hasta perder el fondo, a siete u ocho kilómetros de meta, para cuya conclusión luego se sufre demasiado.
La segunda es una obviedad. Que el fondo es muy duro, y que hay que ir muy atento a las propias sensaciones físicas, y no dejarse llevar por la cabeza, porque cuando las piernas dejan de responder se deja de disfrutar del esfuerzo y la prueba se hace eterna.
En fin. Ya veremos en el maratón del 22.
